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Lo urgente y lo importante: la economía del conocimiento

La crisis general  del sistema financiero internacional, junto con la crisis  particular de nuestro propio sistema financiero (a estas alturas aún se desconoce su impacto real), hoy por hoy, es el problema que nos atenaza y hace tambalear nuestra economía, tanto por por la deuda acumulada, como por la falta de fluidez en el crédito. Reducir los déficits públicos y privados es lo urgente, sin embargo, lo importante es resolver el principal problema: la falta de perspectiva, a medio y largo plazo, sobre el desarrollo de un modelo económico que garantice la sostenibilidad, la competitividad y un nivel de vida digno al conjunto de la población (uno de los principios básicos en el planteamiento filosófico-moral del pensamiento económico de Adam Smith). Asimismo, no debemos olvidar que la crisis financiera actual, en cierta medida, es el humo de la gran hoguera de la crisis del modelo de producción capitalista, sobre todo en los países “desarrollados”, y la crisis de un modelo económico basado en un crecimiento infinito en un ecosistema cuyos recursos son finitos.

Con la caída del modelo basado en el hormigón y el ladrillo (las burbujas en infraestructuras y en viviendas) como motor determinante del crecimiento de nuestra economía en estos últimos años (con un impacto estimado según varias fuentes en más del 40%  del PIB sin contar con la economía sumergida), llevamos más de 4 años paralizados sin que el gobierno anterior y el actual planteen una hoja de ruta para la transformación de nuestro ecosistema económico. La crisis (en el ideograma chino: riesgo y oportunidad) debería servir para replantearse muchas cosas, sin embargo nuestros “gestores” políticos únicamente se limitan a tapar las grietas que van surgiendo por doquier, además de contribuir al desarrollo de una cierta dialéctica esperpéntica de eufemismos para no llamar a las cosas por su nombre (con el coste mental que conlleva un ejercicio “intelectual” que no conduce a nada). Es cierto que estamos en una economía de libre mercado interrelacionada en un entorno cada vez más globalizado, pero estas circunstancias no justifican que los gobiernos eludan sus responsabilidades en la definición de políticas económicas y cambios estructurales a nivel local. Sobre todo en potenciar el conocimiento como motor económico para el cambio tecnológico y la innovación que plantean los retos del siglo XXI.

Potenciar las políticas públicas de inversión en educación y en I+D+i (Investigación, Desarrollo e Innovación) hoy son determinantes para el futuro de un país a medio y largo plazo. Es desarrollar la economía del conocimiento, la cual se asienta en cuatro pilares fundamentales: un régimen económico e institucional que permita incentivar el uso eficiente de los conocimientos existentes y nuevos, y el florecimiento del espíritu emprendedor;  una población educada y capacitada para crear, compartir y aplicar los conocimientos; un sistema de innovación eficiente de las empresas, centros de investigación, universidades y otras organizaciones para aprovechar el creciente volumen de conocimiento global, asimilarlo y adaptarlo a las necesidades locales, y crear nuevas tecnologías; y, por último, las tecnología de información y comunicación para facilitar la creación efectiva, la difusión y el procesamiento de la información.

Sin embargo, en nuestro caso, seguimos con el paso cambiado y se opta por recortar directamente en los recursos, ya escasos,  de un  sistema educativo con uno de los niveles más elevados de fracaso escolar de la Unión Europea (26,5%) y esto, obviamente, conduce a que la tasa de paro juvenil sea también la más elevada (51%). En la agenda del gobierno (ni el gobierno central ni los gobiernos autonómicos) no está prevista la transformación de nuestro sistema educativo que permita afrontar los retos del siglo XXI.  En este punto decir que no hay que inventar nada nuevo, porque existen buenos referentes mundiales que se pueden ir adaptando para realizar los cambios y las transformaciones requeridas.  Posiblemente el modelo finlandés sea uno de los modelos a imitar por sus resultados.

Asimismo, son sangrantes los recortes en I+D+i, hoy su presupuesto es un 35% menos que en el ejercicio del año 2009, si consideramos que la apuesta por la investigación y la innovación son requerimientos básicos para superar un modelo productivo caducado. La investigación, el desarrollo y la innovación es la base sobre la que se construye la economía del conocimiento y, en nuestro caso, pasa por más inversión pública, y por la mejora de la eficiencia y la coordinación entre el sector público y el privado para garantizar las prioridades y la transferencia de la investigación básica al desarrollo en un tejido empresarial donde dominan las pequeñas y medianas empresas con escasos recursos propios para dichas actividades.

En otras palabras, con una población mal formada y con un I+D+i raquítico, difícilmente podremos desarrollar una economía basada en el conocimiento y en un modelo productivo con valor añadido que sea equilibrado, diversificado y sostenible. Centrados en lo urgente y sin abordar lo importante, aún tenemos que soportar que personajes de la “talla” de la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, cuya iniciativa más innovadora, conocida hasta el momento, ha sido encomendarse a la Virgen del Rocío para salir de la crisis y para la búsqueda del bienestar ciudadano. En fin, un caso tipo más de la eterna imagen de la España gris, meapilas y casposa que arrastramos y soportamos desde hace siglos.

Twitter. Dime con quién andas, y te diré quién eres

Partiendo de la premisa de que la mayoría de los usuarios de Twitter siguen de forma prioritaria a la personas que se les parece, es posible determinar con bastante precisión la identidad de un usuario en función de sus contactos aunque no aporte información sobre el género, edad, afiliación política o preferencias religiosas en su perfil.

No estamos hablando de aplicar intuitivamente el refrán popular “Dime con quien andas, y te diré quién eres” que nos advierte de que según los lugares y amistades que frecuenta una persona es posible deducir sus gustos y aficiones. Es el resultado de un estudio científico, All liaisons are dangerous when all your friends are known to us, de Daniel Gayo Avello, investigador de la Universidad de Oviedo, que aplica el concepto de homofília, en el sentido del grado de similitud entre individuos que se comunican, para asignar características a cada individuo presente en un grafo social, para ello ha desarrollado el algoritmo “MCC-Splat” que se basa en una clasificación de la información personal obtenida a partir de las relaciones sociales en Twitter y, así, poder calcular la probabilidad de que un miembro tenga unas determinadas características. El algoritmo únicamente tiene en cuenta los vínculos que una persona se ha creado hacia otros individuos.

El estudio se ha basado en el tratamiento de una conjunto de datos formado por 4,98 millones de usuarios y  27,9 millones de tweets escritos en inglés en los primeros ocho meses de 2009. El algoritmo “MCC-Splat” ha tratado seis atributos personales: sexo, posicionamiento en un rango de edad,  orientación política, preferencia religiosa, rasgos étnicos y orientación sexual. De acuerdo con los resultados de la investigación, los atributos sobre la religión o el origen étnico pueden determinarse con precisión, mientras que la edad y el sexo son más aleatorios.

No es el primer estudio que analiza los perfiles de los usuarios de las redes sociales para establecer características individuales implícitas en su grafo social. Hace más de un año nos hicimos eco en este blog del proyecto Gaydar del MIT, en una entrada titulada Social Media. ¿Dr. Jekyll and Mr. Hyde? , un experimento que permite identificar la orientación sexual mediante el análisis de sus datos en Facebook y las conexiones con otros miembros a través de sus redes personales.

Corolario: Aunque no aportes información personal en las redes sociales, ésta se puede deducir a partir de las conexiones personales y conversaciones en el grafo social de un individuo.

Información de base vía: L’Atelier y Le Monde. Es bastante triste que nos tengamos que enterar del trabajo de un investigador español a través de los medios de comunicación franceses.

¡Que inventen ellos!

biotecnologia.jpgSegún el cuadro anual de indicadores de la inversión de las empresas en inversión y desarrollo (I+D) elaborado por la Comisión Europea del 2007,  en el ranking mundial de las 1.400 empresas que más invierten en Investigación y Desarrollo (I+D) con una inversión agregada de más de 365.000 mil millones de euros en el 2006, figura España con 23 empresas con una inversión agregada de unos 1.340 millones de euros (0,36%). Un poco más que la inversión realizada por la alemana BASF. No es un dato alentador para la octava economía del mundo si consideramos que las economías emergentes están avanzando con pasos agigantados como India, Brasil, Indonesia, México o Turquía.

El cuadro de indicadores muestra que la actividad de I+D industrial durante el 2006 ha aumentado en un 10 %, y que las empresas establecidas en la UE incrementaron su inversión en I+D en un 7,4 %, frente al crecimiento del 5,3 % registrado en el 2005.

El 68% de los 365.824 millones de euros de inversión se concentra en 5 sectores: farmacéutico y biotecnología (70.532 millones), el principal sector de inversión I+D, el sector tecnológico del hardware y equipamiento (64.531 millones), el sector del automóvil y componentes (60.807 millones),  el sector del equipamiento electrónico y eléctrico (27.139 millones) y el sector del software y servicios informáticos (26.522 millones).

El cuadro de indicadores muestra también una tendencia al alza en la rentabilidad de las empresas en todo el mundo. El principal inversor en I+D a nivel mundial en el cuadro de indicadores es Pfizer, de los Estados Unidos, con 5.800 millones de euros seguidas de Ford Motor (5.500 millones), Johnson & Johnson y Microsoft (5.400 millones cada una).  Entre las 10 primeras empresas, tres son Europeas: DaimlerChrysler, de Alemania (5.200 millones),  GlaxoSmithKline (5.100 millones) y Siemens (5.000 millones).

En España, Telefónica es la principal empresa española con una inversión de 588 millones de euros seguida de Amadeus IT Group (182 millones), Indra Sistemas ( 96,44 millones)  y  Repsol YPF (72,2 millones).
Fuente: European Commission, Institute for Prospective Technological Studies:
Monitoring industrial research: the 2007 EU Industrial R&D investment Scoreboard.