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Zara, Apple, Nike y otros. Los negreros del siglo XXI

Nuestro consumo de muchos productos está centrado en las ofertas de las marcas, desde las exclusivas hasta las de low-cost. El modelo de negocio de la mayoría de ellas se basa en la gestión directa del marketing, el diseño y la logística de distribución y comercialización. Mientras que la producción está deslocalizada en los llamados países emergentes, recurriendo a una mano de obra muy barata, en bastantes casos con jornadas de trabajo extenuantes, pagos irregulares de salarios, falta de seguridad e higiene en el lugar de trabajo. No es nada nuevo, periódicamente nos vamos enterando de situaciones donde las personas trabajan en condiciones análogas a la esclavitud.

Hoy el Ministerio de Trabajo del Brasil está investigando a Zara y unos cuantos de sus proveedores por utilizar mano de obra esclava en su cadena de producción. El caso no es exclusivo de Zara, casi todo el sector del textil, está salpicado de denuncias sobre las condiciones laborales de sus trabajadores.

Desde hace tiempo Apple es noticia por las condiciones leoninas de los trabajadores en las fábricas de China de productos como el iPad o el iPhone, con salarios mensuales de unos 140 euros por 48 horas semanales de trabajo, obligados a realizar múltiples horas extraordinarias y, además, con sistemas de “motivación” donde la humillación pública por errores al realizar las tareas está a la orden del día  o el hacinamiento en dormitorios múltiples al estar obligados a vivir en la misma fábrica.  El caso tampoco no es exclusivo de Apple, afecta a las grandes tecnológicas como Dell, HP, Nintendo, Sony o Microsoft entre otras, que mantienen la fabricación de sus productos en el país asiático.

Hace un par de años,  salto la denuncia contra Nike por la explotación infantil en sus fábricas en países como Indonesia.  tampoco fue un caso exclusivo de Nike, la mayoría de las grandes marcas de referencia del sector estaban involucradas en mayor o menor medida.

Cuando se hacen públicas las denuncias, en general, las empresas reaccionan siguiendo un guión estándar: escandalizarse, culpar a sus contratas locales de malas prácticas y obligarles, mediante un procedimiento de “buenas prácticas”, al cumplimiento estricto de las leyes laborales locales. Lo hizo Nike en su momento, lo hizo Apple y ahora lo está haciendo el grupo Inditex al que pertenece Zara. Es la doble moral, mientras no suenan las alarmas, todas estas grandes marcas miran hacia otro lado porque los márgenes son sustanciosos y exigen a las empresas locales unos plazos y unos costes difíciles de soportar que conllevan que éstas, en países con legislaciones laborales muy laxas, impongan condiciones draconianas de trabajo.  La realidad es que únicamente de lo pagamos por algunos de estos productos manufacturados,  de media, el 1% se dedica a pagar a los trabajadores.

Es la cara oculta de nuestro consumo desmesurado. Es tomar conciencia de que detrás de mi iPhone, de mi MacBook Pro con el que estoy escribiendo esta entrada, de mí camiseta, mis deportivas o el mueble de IKEA, hay grandes beneficios para las empresas que comercializan dichos productos y miles de historias de esclavitud o pseudoesclavitud para que disfrutemos de dichos productos.