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En la Red la información y los contenidos no son gratis

3 Marzo, 2010

En la mayoría de los discursos sobre el acceso a la información y los contenidos digitales de La Red se consideran que la mayoría de éstos les salen gratis a los usuarios, sea porque éstos se ofrecen gratuitamente o porque se distribuyen de forma no autorizada por sus propietarios, es decir, la denominada “piratería”.

A la pregunta: ¿Realmente a los usuarios les sale gratis el acceso a la información y los contenidos? La respuesta es: NO.

Para empezar, acceder a la Red no es gratis porque los usuarios están asumiendo una serie de costes elevados como:

  • Las cuotas de comunicación,: ADSL, Cable, banda ancha móvil, pagos por acceso a través de los Wi-Fi hotspots, etc.

  • Las inversiones y gastos en dispositivos: Ordenadores personales, software, impresoras, smartphones, lectores de eBooks, cartuchos de tinta,  unidades de almacenamientos auxiliares –CDs, DVDs, pen drives, discos auxiliares-.

  • Las suscripciones a servicios de pago: TV de pago, iTunes, etcétera.

Un geek bien equipado puede estar dedicando entre 200-700€ al mes en el acceso a la información y contenidos si extrapolamos los datos del estudio de Gizmodo. Es decir, nos encontramos con personas que pueden llegar a gastar más en bits que en calorías, en consumir información que en alimentación.

Sin olvidar el coste de “tiempo dedicado”, como unidad económica, para buscar y acceder a la información y los contenidos y, en el caso de los prosumidores, en elaborarlos y subirlos a la Red.

Para continuar,  los ciudadanos están dedicando cada vez más recursos económicos para consumir productos de la Industria Cultural -cultura y ocio-  y es una realidad que está recogida en los anuarios de estadísticas culturales del propio Ministerio de Cultura.

Si observamos la evolución del gasto medio en cultura por hogar, según el anuario del 2009, podemos observar que desde el año 2000 al 2007, ha seguido un crecimiento constante:

Año Gasto medio (€)
2000 232
2001 251
2002 251
2003 268
2004 298
2005 327
2006 352
2007 372

¿Qué incluye dicho gasto?: el consumo de libros; publicaciones periódicas; cine; teatro; museos; equipos de sonidos, TV, imagen fotografía, video; tratamiento de la información e Internet; los soportes para el registro de imagen, sonido y datos; y otros bienes y datos. En el desagregado del gasto podemos observar que hay dos tendencias. Por un lado un crecimiento del gasto en asistencia a espectáculos –cine, teatro, otros- y en equipos y accesorios audiovisuales de tratamiento de la información y, por otro lado, una disminución en publicaciones periódicas y libros.

Es cierto que el coste de la unidad básica de información, el bit, para el usuario puede parecer que tiende a cero, si aplicamos escenarios teóricos pero, en la practica, la realidad es otra. Por ejemplo, si tomamos el caso de un servicio de escucha de canciones vía streaming como Spotify, en su versión Premium con un catálogo de millones de grabaciones, con una cuota de 10€ mes con la posibilidad de almacenar 3.333 canciones en el modo sin conexión, y tomamos como referente que una persona escucha,  por media, unas 20 canciones al día -600 canciones al mes- observamos con una simulación que:

Hace 15 años 10€ = 2/3 CD = 8 canciones = 1,25€ por canción.

Hoy con una media de 1 hora/día dedicada a escuchar música 10€ = 600 canciones = 0,016€ por canción.

A partir de aquí los escenarios son teóricos y no responden a la realidad ni capacidad media de audición de una persona:

Escucha lista 5,5 horas/día 10€ = 3.333 canciones = 0,003€ por canción

Escucha potencial 24 horas/día 10€ = 14.400 canciones = 0,0007€ . Es una cantidad marginal pero que no es igual a cero y no tiende a cero.

Pero, si a la cuota de Spotify le añadimos una estimación del 30% de los costes mensuales de conexión + amortización equipamiento informático estamos hablando de una media de (10+20€) mes y, en el escenario de 600 grabaciones/mes , el coste por canción seria de unos 0,05€ por canción. Para el que se la descarga gratuitamente –pirata- o la escucha en un servicio gratuito subvencionado con publicidad,  su coste seria de unos 0,03€.

Obviamente, algunos buscan diferenciar entre el pago por acceso a la información y el pago por la propia información, pero, para la mayoría de los mortales, no existe esta distinción: si compro un periódico estoy pagando por  el acceso a una información en papel, si pago una cuota de acceso a Internet estoy pagando por acceder a la información en la Red.

La información y los contenidos no son gratis, han descendido los costes de acceso que se han desplazados de un gasto en un soporte físico tipo CD, en el caso de la música, a los gastos de infraestructuras que tiene que asumir el usuario. También la oferta y la demanda ha cambiado y, hoy, una persona puede escuchar 600 piezas de música o canciones por 30€ al mes, hace 15 años tendría que haber pagado 750€. Pero no es una tendencia exclusiva de la música, los precios de muchos productos y servicios han descendido al incrementarse la oferta y descender los costes de producción.

Otra cuestión es como los autores o creadores de información y contenidos cubren los altos costes de la producción primera unidad en un mundo digital donde las siguientes unidades tienen un coste marginal muy bajo y. También, los modelos de negocios que tendrán que desarrollar para que les permitan cubrir los costes de la primera copia de un producto  junto con la parte proporcional de costes generales y los beneficios empresariales.

¿Qué opinas al respecto?

iPad. La estrategia de Apple y la comercialización de los productos culturales

5 Febrero, 2010

Hasta ahora la Red como espacio comercial se está consolidado, con mayor o menor éxito, como mercado para  determinados sectores: financiero, viajes y turismo, comercio electrónico de bienes y servicios, servicios públicos y gestiones con las AA.PP o como canal complementario de atención al cliente, entre otros. Sin embargo, para la comercialización de los productos de la Industria cultural, hasta el momento, el sector se ha encontrado con muchas dificultades por diversos motivos. Básicamente la dificultad de evolucionar sus modelos de negocios tradicionales a un nuevo contexto y la facilidad de replicar sus contenidos y la distribución gratuita escapando a cualquier control comercial.

Ahora bien, tengo la impresión que Apple está entendiendo muy bien la dinámica de la Red y su transformación en un espacio preferencial para el consumo de masas de los productos de la industria cultural. Desde hace unos años, Apple ha ido cambiando radicalmente de estrategia en su modelo de negocio. Desde una posición de fabricante de un ordenador “exclusivo” –marca, diseño, etc. – asumido como la “herramienta” de los creativos de todo tipo,  a la posición actual: proveedor mundial de dispositivos móviles destinado al consumo de productos culturales –música, video, cine, juegos y textos –prensa y libros-.

Si repasamos los principales acontecimientos en la estrategia de Apple podemos observar lo siguiente:

  • Cuando en el mercado ya existían los reproductores mp3, con el lanzamiento del iPod, en el 2001, revolucionó el mercado. Al margen de la aureola de la marca heredara del segmento de los ordenadores y las características técnicas y de diseño del dispositivo, la principal innovación que incorporó fue integrar el reproductor con el iTunes  Stores,  la plataforma para comercializar música que ya cuenta con más de 100 millones de cuentas con tarjeta de crédito y que ha vendido más de 8.500 millones de canciones.
  • Cuando en el mercado ya existían los smartphones, con el lanzamiento del iPhone, en el 2007, volvió a revolucionar el mercado. Un dispositivo minimalista con un software intuitivo y de calidad que incorporaba marca, diseño y funcionalidades multimedia y que integraba, además de la telefonía móvil, el acceso a Internet –banda ancha móvil y Wifi- el concepto del IPod y ciento de aplicaciones. Obviamente también integro el nuevo dispositivo con la iTunes Store ampliando la oferta de servicios.
  • Cuando en el mercado ya existían los lectores de libros electrónicos, las consolas de juegos y los netbooks, hace unos días, Apple anuncia su nuevo producto el iPad, un dispositivo que, incorporando muchas de las características del iPhone, integra las funcionalidades de los lectores de los libros electrónicos, las consolas de juegos  y los netbooks. En estos días, desde la presentación del dispositivo, ha surgido varias críticas sobre deficiencias en las prestaciones al no cubrir la totalidad de la suma eReader+ videoconsola + netbooks, pero lo importante es que redefine el concepto de iTunes Store para convertirlo en el gran supermercado mundial de productos culturales.

Únicamente con la presentación del iPad, Apple está consiguiendo redefinir el mercado de los dispositivos y la distribución. De la noche a la mañana, ha dejado, por un lado, obsoleta la oferta mundial, desde un punto de vista tecnológico, de lectores de libros electrónicos y netbooks y, por otro lado, ha provocado un cierto pánico en el sector de las videoconsolas. Al mismo tiempo, está redefiniendo el mercado de la distribución de los productos culturales: pone en jaque a sectores de la distribución de los eBooks, fundamentalmente Amazon, y abre un amplio horizonte para que la prensa pueda canalizar su oferta de contenidos a través de iTunes Store.

Por su concepción, el iPad no es un nuevo gadget tecnológico, no es un tablet tal como lo había estado definiendo el mercado, es un útil dedicado básicamente a la visualización de contenidos y no para la producción de éstos, un compañero perfecto para el trabajo, el ocio y los desplazamientos que reúne acceso a información, vídeos y libros, prensa y juego: todo el universo de la industria cultural en un formato más o menos confortable dirigido a un amplio segmento de consumidores que no les plantea ningún problema pagar por contenidos culturales si éstos son accesible fácilmente.

Ignoro como va a evolucionar la estrategia de Apple y los que imiten su modelo de negocio, para eso están los “gurús” y sus bolas de cristal, pero, con el concepto de dispositivo como el iPad y la comercialización de productos y servicios a través de plataformas como iTunes Store, AppStore y su librería iBook, está marcando un antes y un después en la distribución y comercialización de contenidos culturales de pago consolidando un equivalente a las cadenas de distribución como “El Corte Inglés”, es decir, un sitio donde podemos encontrar “casi todo”.

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The Apple iPad

Ley Economía Sostenible para la Industria Cultural o Ley de Excepción

11 Enero, 2010

Si nos atenemos a los preámbulos del anteproyecto de Ley de Economía Sostenible (LES) ésta tiene como objeto impulsar las reformas estructurales necesarias para crear condiciones que favorezcan un desarrollo económico sostenible en base a un patrón de crecimiento que concilie el desarrollo económico, social y ambiental en una economía productiva y competitiva favoreciendo el empleo de calidad, la igualdad de oportunidades y la cohesión social.

El sentido común me dice que la LES, de acuerdo con sus principios básicos, es una oportunidad para abordar la crisis de los modelos de negocios del siglo XX de la Industria Cultural. Unos modelos cuya cadena de valor tradicional está afectada por la irrupción de las tecnologías de la información y la comunicación.

¿Pero cuál es la posición de gobierno sobre la Cultura en la LES?:  Lamentablemente nula. Y causa preocupación , porque si consideramos que es un sector fuertemente subvencionado directamente e indirectamente con fondos públicos –el dinero de todos los ciudadanos- por las Administraciones Públicas –Estado Central, CC.AA, y Administraciones Locales- , el Gobierno debería desarrollar o facilitar medidas orientadas a:

  • Facilitar la reconversión de un sector y la adaptación de sus modelos de negocios para adecuarse a la Sociedad de la Información y del Conocimiento y los nuevos paradigmas tecnológicos.
  • Garantizar la difusión de los contenidos culturales y el derecho de que cualquier ciudadano pueda acceder a ellos libremente por los canales disponibles: bibliotecas, centros culturales,  Internet, etc.
  • Garantizar que los creadores, artistas, autores e interpretes sean retribuidos por su actividad profesional sin menoscabo de sus derechos relativos a su autoria y propiedad intelectual.

El Gobierno, en vez de ponerse a trabajar en desarrollar medidas de este tipo, se limita a introducir una disposición final en la LES para la Defensa de la Propiedad Intelectual cuyo objetivo básico es combatir las descargas de archivos en Internet.  Por mi formación, no dispongo de los suficientes elementos jurídicos para analizar e interpretar la disposición final. Pero como ciudadano la percibo como una Ley de Excepción porque:

  • Establece una especie de “policía cultural” al margen de los organismos competentes que, no olvidemos,  ya están luchando contra los que se lucran con el trabajo de los demás.
  • Establece unos plazos de resolución de 4 días-. Una excepción si consideramos que los tiempos de resolución de casos más graves -salud, las condiciones laborales, la violencia de género, atentados contra el patrimonio personal o la vida, entre otros se requieren muchos meses o hasta años.
  • Introduce la suficiente ambigüedad en el alcance del posible “delito” en el ecosistema de la Red. Y puede dar pie a perseguir a un sitio Web que se está lucrando con contenidos ajenos, como perseguir a alguien que publica un blog y supuestamente esté atentando la “propiedad” de un tercero.

Cuando la Sra. González-Sinde declara que esta ley está hecha para cerrar 100 o 200 sitios webs de descargas nos está tomando literalmente el pelo, no se requieren estas alforjas para tan corto viaje.

Sra. González-Sinde Ud. le está haciendo un flaco favor a la Democracia y a la Cultura, porque las Leyes de Excepción acaban socavando derechos  básicos y creando monstruos difíciles de controlar.

La crisis en la Industria Cultural. Es la crisis de su cadena de valor (parte 1)

9 Diciembre, 2009

CulturalIndustriesSalvo algunas excepciones, se está imputando a las descargas “ilegales” de contenidos culturales –o piratería en Internet, para ponerle un acento más dramático -  la crisis generalizada de la “Industria Cultural” y, por ende, la de los autores, creadores y artistas. Pero la realidad, es que la causa son los efectos de las tecnologías de la información y la comunicación en la cadena de valor de las empresas del sector de la cultura.

Para entender esto, debemos tener en cuenta que la industria cultural, tal como la conocemos hoy en día, tuvo su arranque a mediados del siglo XX con la expansión de un mercado cultural que se iba concretando al mismo tiempo que se configuraba la llamada cultura de masas y comenzaba a aplicar los principios de la organización del trabajo a la producción cultural. Estamos hablando de una industria que se expande al mismo tiempo que los medios de comunicación de masas destinadas finalmente a los mercados de consumo con una función de reproducción ideológica y social del sistema.

Es decir, nos encontramos que se consolidan una serie de empresas que se articulan en torno a una “cadena de valor” de producción y distribución de mercancías con contenidos simbólicos concebidas por un trabajo creativo, organizadas por un capital que se valoriza y destinadas finalmente a los mercados de consumo.  Por consiguiente, nos encontramos que a mediados del siglo XX, aplicando el modelo de análisis de Philip Kotler, con una Industria Cultural cuya cadena de valor está conformada por todas sus actividades generadoras de valor agregado y por los márgenes que éstas aportan, y cuya ventaja competitiva se logra cuando la empresa desarrolla e integra las actividades de forma menos costosa y mejor diferenciada que sus rivales. Es decir, una industria formada por empresas que se rigen con las leyes del mercado que crecen y entran en crisis con éste.

Analizando la cadena de valor genérica de la Industria Cultural, aplicable, obviamente con matizaciones, a ámbitos como la música, el cine, el videojuego o el libro, nos encontramos que ésta se caracteriza porque la materia prima son los creadores y artistas que la empresa considera que les puede aportar valor.  Sean por su lanzamiento en el mercado –los noveles- o sean por su  “cotización” –los consagrados-. Estableciendo, en general, una renumeración sobre un porcentaje en las ventas –habitual en la música o el libro- o por contrato para una determinada producción –cine, videojuego-.

Además la empresa cultural, desarrolla un conjunto de actividades primarias relacionadas con el desarrollo del producto –generación del contenido final-, su “empaquetamiento” en el correspondiente soporte,  la producción de copias , la logística de distribución y la comercialización.  Cadena de valor que se complementa con una serie de actividades de soporte como la administración de los recursos humanos, las compras de bienes y servicios, las de desarrollo tecnológico  y las de infraestructura empresarial – finanzas, contabilidad, calidad, relaciones públicas, asesoría legal, dirección general-. Sin olvidar, el margen, es decir, la diferencia entre el valor total y los costos totales incurridos por la empresa para desempeñar las actividades generadoras de valor. En este último punto, señalar que las principales empresas culturales, durante sus años dorados, han estado acostumbradas a trabajar con márgenes muy holgados.

Hasta aquí el modelo funcionaba muy bien para el núcleo de empresas dominante de los mercados globales y locales.  Pero con el desarrollo y penetración social de las tecnologías de la información y las comunicaciones se empieza a socavar el modelo de la cadena de valor dominante en el sector por diversos motivos, entre ellos:

  • Por la digitalización de los contenidos que facilita los procesos de producción y distribución rompiendo la  dependencia de los soportes “continentes”.
  • Por romper, en parte,  el monopolio de los medios de producción y distribución. La disponibilidad de herramientas informáticas cada vez más económicas y potentes facilita que muchos “creadores” puedan desarrollar su producto cultural y distribuirlo sin tener que recurrir a intermediarios.
  • Por las inversiones y costes que deben asumir los ciudadanos para acceder y consumir productos culturales. Estamos hablando, dejando de un lado los dispositivos clásicos –televisores, reproductores musicales,…- de la conexión a Internet, de los ordenadores, de los eBooks,  etc.
  • Por la Red. El primer medio que facilita a los ciudadanos, en la historia de la humanidad,   el acceso masivo y libre a la información y el conocimiento.
  • Por el desarrollo de  los medios sociales que surgen como un componente clave en la promoción de los productos y reducen drásticamente los costes de marketing y publicidad.
  • Porque al mismo tiempo que se incrementa la oferta productos los consumidores son más exigentes y están más informados.

Aspectos están alterando la cadena de valor de muchas empresas de la industria de la cultura y provocando una importante perdida de sus ventajas competitivas al seguir aplicando un modelo concebido para un mundo analógico a un mundo digital.

Sigue leyendo: La crisis en la Industria Cultural. Una transformación de las percepciones (parte 2)