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Las cuentas del Rey en una sociedad en crisis

El Rey en su discurso de la última Nochebuena: “Necesitamos rigor, seriedad y ejemplaridad en todos los sentidos

El año 2011, fue el primer año en que se hizo público el presupuesto de la Casa Real. Según dicho presupuesto la cantidad global asignada para el ejercicio 2011, fue de 8.434.280 euros, de los cuales 140.519 euros corresponden a la asignación del Rey de España a los que hay que sumar 152.233 en concepto de gastos de representación. Asimismo, el Rey como el resto de la familia real están sujetos al pago de todos los impuestos, entre ellos, el IRPF. Es decir, aplicando las cuentas de la vieja, a la asignación personal del Rey hay que descontarle el 49% según el tramo correspondiente al ejercicio 2011-2012 (asumimos que el contribuyente no está desgravando por vivienda o planes de pensiones). Es decir, la asignación neta es de unos 72 mil euros. Si tenemos en cuenta que el Rey no tiene gastos personales por vivienda, manutención, vestimenta y otros gastos comunes que ya deben estar incluidos en los gastos de representación y en diferentes partidas de la Casa Real y otros organismos del Estado, por tanto, el Rey dispone de 72 mil euros para gastárselos en lo que considere oportuno sin tener que dar cuentas a nadie.

Sin embargo,  en el reciente viaje privado a Botsuana para participar en una cacería de elefantes (lo hemos conocido gracias al accidente que ha sufrido), de acuerdo con las informaciones que van apareciendo, el coste del paquete básico de Rann Safaris para este tipo de actividad es de unos 45 mil euros, es decir, el 62% de los ingresos netos de su majestad el Rey. Además, tendríamos que sumar otros gastos como los desplazamientos y alojamiento, tanto del del Rey y de su séquito de seguridad, una cantidad difícil de evaluar (en la cacería del 2006 del oso presuntamente emborrachado con vodka en Rusia, la prensa local filtró que Juan Carlos se desplazó en un avión de la Fuerza Aérea con un séquito de 29 personas). Es decir, es de suponer que los 45 mil euros es una minucia del coste total de los días de asueto de su graciosa majestad, que se podría estimar en unos cientos de miles de euros, practicando el innoble “deporte” de dar muerte a un elefante (una gran contradicción para alguien que es Presidente de Honor de WWF/Adena, una asociación de defensa de la naturaleza).

La cuestión clave es conocer, si el Jefe del Estado ha pagado de su bolsillo (sea por  su asignación o patrimonio personal), TODOS los gastos que se derivan de su reciente actividad privada o estos han ido a cargo de las diferentes partidas del presupuesto de la Casa Real y de otros organismos del Estado. Porque en este segundo supuesto, nos encontraríamos con una turbia actuación agravada por el contexto actual de crisis económica donde se le están obligando a los ciudadanos (¿tenemos que hablar de súbditos?) a soportar recortes y ajustes en una economía en recesión que condena a un número significativo a sufrir penurias, llegando algunos casos a la más absoluta miseria. En este supuesto, la actuación del Jefe del Estado sería deleznable considerando sus ámbitos de responsabilidad en una sociedad democrática.

Lamentable que en el anteproyecto de la futura Ley de Transparencia la Casa Real esté exenta de rendir cuentas, y tengamos que soportar la opacidad de una institución que para algunos ciudadanos la consideramos trasnochada por unos privilegios que no casan con una sociedad moderna y democrática. Porque las cuentas del Rey son muy opacas, tan opacas que no se conoce su fortuna personal y como la ha ido obteniendo (estimada en unos 1.800 millones según la revista Forbes y Eurobusiness), además el Estado está aportando cientos de millones que no figuran en el presupuesto de la Casa Real: el Patrimonio Nacional en el mantenimiento de palacios y otras posesiones; el Ministerio de Administraciones Públicas aportando asesores y funcionarios de élite; el Ministerio de Economía manteniendo un abultado parque móvil de vehículos de alta gama; y los Ministerios de Defensa o Asuntos Exteriores haciéndose cargo de todos sus viajes.

Sin olvidar, los regalos que recibe por “suscripción empresarial” como el caso del yate Fortuna (estimado en 16 millones de euros) y otras aportaciones o prebendas generosas que no se pueden investigar porque está blindado por el artículo 56 de la Constitución que establece que “la persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”.

En fin, la asignación conocida que pagamos los ciudadanos al Jefe de Estado, deberá cubrirle únicamente los aperitivos, el resto opaco, muy opaco.  Lamentablemente sufrió una caída con consecuencias para su salud, sin embargo, afortunadamente, destapó a la opinión pública, en el aniversario de la II República,  sus actividades privadas. Twitter, cada vez más, es un barómetro en tiempo real de la opinión de una parte de la ciudadanía, sobre todo del sector más joven, y el 14 de abril el Time Line fue un continuo flujo agridulce (humor e indignación) de mensajes denunciando la actitud del Jefe del Estado. Indignación por las contradicciones de alguien que, en tono paternalista, afirma que el paro juvenil no le deja dormir y, al mismo tiempo, se dedica a cazar elefantes presuntamente a cargo de las contribuciones de todos los ciudadanos cuando el país se encuentra en una situación de emergencia. Pues eso, muy poca ejemplaridad por parte del Jefe del Estado.