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La necesidad de imágenes icónicas para remover conciencias

In memoriam de Aylan y Galip

In memoriam de Aylan y Galip

En estos momentos, la imagen icónica que está recorriendo el mundo y removiendo conciencias es la del niño kurdo Aylan yaciendo en la arena de una playa turca. Imagen desgarradora y obscena emocionalmente, que sintetiza el drama de los millones de desplazados de la terrible guerra civil siriana y de otras guerras que asolan nuestro mundo. Aylan, con tres años de edad, ha muerto ahogado junto a su hermano Galip, de cinco años, y su madre intentando llegar a una isla griega. Posiblemente es necesaria esta imagen para que la población y los gobiernos europeos perciban y actúen la dimensión de un drama humano de dimensiones catastróficas.

            Recuerdo que el 22 de abril de este año estuve en una concentración, delante del Ayuntamiento de Barcelona, en solidaridad con las víctimas del naufragio acontecido unos días antes. Se trataba de la última tragedia que venía a incrementar el número de fallecidos en el Mediterráneo. La de una embarcación que había partido de las costas de Libia con más de 700 personas y que se hundió, pudiéndose rescatar únicamente a 28 personas. En esa embarcación, había muchos niños, pero lamentablemente no se habían publicado fotos “impactantes” y en la plaza Sant Jaume, los concentrados no superábamos las tres centenares de personas. La mayoría refugiados e inmigrantes asentados en la ciudad. Por la plaza circulaban muchas personas, algunas se paraban y miraban durante unos minutos, pero no se unían a la concentración. Al lado, coincidiendo en el tiempo, se había celebrado un acto de protesta de docentes delante del a Generalitat, ahora no recuerdo el contenido de su protesta. Eran más numerosos que nosotros, cuando acabó su concentración todos se marcharon, quiero pensar que alguna de aquellas personas se unió a nosotros. La indiferencia era la nota dominante aquella tarde primaveral.

            Hoy, quiero pensar, que muchos de aquellos maestros y de los cientos y cientos de paseantes de aquel día, en estos momentos, están conmovidos con la imagen de Aylan, y más de uno estará comentando en las redes sociales su lamento y su más sincera rabia. Ha sido necesario que el mar devuelva el cadáver de una criatura para que la indiferencia se convierta en indignación.

                Lamentablemente, no es la primera imagen icónica que subleva conciencias. Recuerdo la imagen de Kim Phuc, la niña vietnamita de apenas nueve años, gravemente quemada por el napalm, corriendo desnuda por una carretera aquel 8 de junio de 1972 o la imagen del niño del gueto de Varsovia, apuntado con un fusil por un soldado del Tercer Reich, las manos en alto y la cara aterroriza. Son imágenes que no han evitado las masacres de niños en Gaza o en los Balcanes, por citar algún que otro caso. Tampoco, la imagen del niño sudanés Kong Nyong, famélico y acechado por un buitre, captada por el fotógrafo sudafricano Kevin Carter, ha puesto remedio a las hambrunas que asolan a los países más pobres.

            Seguimos necesitando imágenes icónicas para remover nuestras conciencias. Yo me quedo con la imagen de Aylan y Galip, los dos hermanos kurdos que tuvieron que huir de Kobane. La foto de dos niños encantadores, que nos miran a los ojos y que podrían ser nuestros hijos o nuestros nietos.

Los cayucos digitales surcan la Red

cayucovirtual01Baba Wamé, sociólogo y profesor en la Escuela superior de las Ciencias y Tecnologías de la Información y la Comunicación de la Universidad de Yaundé en el Camerún, presentó en Lift09, su análisis sobre la apropiación de Internet por las mujeres cameruneses y los usos que realizan de los sitios web de encuentros (Match, Meetic, etc.), uno de los temas  de su tesis doctoral y trabajo de investigación: “Internet au Cameroun : les usages et les usagers. Essai sur l’adoption des technologies de l’information et de la communication dans un pays en voie de développement

Para nosotros es una visión de otro continente y otra cultura que nos ayuda a romper el etnocentrismo cultural occidental dominante en los análisis sobre lo que acontece en la Red.

Para situarnos un poco, el Camerún un pequeño país del África Central de 18 millones de personas, cuenta con unos 400.000 usuarios de Internet, de los cuales 350.000 se conectan únicamente utilizando los 2.500 puntos de acceso público o cibercafés (500 en la capital Yaundé).  El perfil sociológico de las mujeres cameruneses que utilizan los sitios web de encuentros se corresponde con el una mujer entre los 18 y 34 años, de bajo nivel escolar, principalmente del Sur, donde domina la religión cristiana (a diferencia del Norte musulmán) y no todas solteras, algunas casadas que se anuncian como solteras contando con el consentimiento de sus maridos.

En general, estas mujeres buscan cambiar su vida y la de su familia a través del matrimonio con un hombre “blanco”, principalmente europeo. Un matrimonio que, en su sociedad, conlleva prestigio y es una vía para huir de la miseria, además de la oportunidad de tener hijos mulatos, un aspecto valorado en su sociedad actual.

En un país con un paro estructural del 50% y la dificultad añadida de encontrar trabajo por ser mujer, para ellas, como para gran parte del continente africano, partir es encontrar una alternativa a la miseria  e Internet es su “cayuco” digital. Una situación que les lleva a desarrollar una estrategia de cortejo que pasa por una selección rigurosa de los perfiles masculinos: país europeo (si es posible Suiza), edad 35-55 años (mejor maduros) y sobre todo que sean europeos blancos. En sus perfiles dan mucho valor a la fidelidad (no admiten a los casados), a la religión (“Yo creo en Dios”, “si tú, crees en Dios como yo, entonces eres el hombre de mi vida”) y una prosa muy cuidada con referencias a Voltaire o  Montesquieu entre otros.

Un “cayuco” digital que también tiene un coste. Deben mantener una buena relación con los empleados de los cibercafés (muchas tienen que aprender a utilizar el ordenador sobre la marcha y, en algunos casos, son los propios empleados los que teclean por ellas), actúan organizadas (el soporte de comunidades de mujeres que recompilan perfiles de los hombres y asesoran sobre los más convenientes),  requiere regularidad en los intercambios (al menos 4-5 veces durante la semana) con un coste promedio de más de 150 dólares mensuales (en un país donde la mayoría de personas vive con menos de 2 dólares diarios). En fin, una travesía en el “cayuco” digital que requiere y cuenta, en la mayoría de los casos, con el apoyo financiero de toda la familia y amistades. Como en las travesías en los cayucos que atraviesan el Atlántico en busca de la tierra prometida pero sin los riesgos de acabar ahogadas en medio del océano.

Una tierra prometida, en la que, según Wamé,  entre el 10-15% consiguen casarse, mientras que el 60% acaban en las manos de redes de prostitución y nunca más regresarán a África, porque volver pobre es algo impensable en África.

El video con la presentación, en francés, de Wamé se puede encontrar en: http://www.nouvo.ch/liftvideo