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It’s the economy, stupid. Las Telecos mueven sus fichas

17 Febrero, 2010

En el Mobile World Congress se están evidenciando los últimos movimientos que están realizando las operadoras en el gran negocio que representa la Red.

Hace unos días Alierta, presidente de Telefónica anunció su intención de que los buscadores de Internet tendrán que pagar por canalizar el tráfico por las redes de comunicaciones de la operadora. Es decir, tal como analicé en una entrada anterior, lo que estaba planteando Alierta, como parte implicada y mensajero es el posicionamiento de las mayoría de las operadoras mundiales con relación a la Red:  somos el eslabón crítico en la Red y queremos obtener la máxima rentabilidad.

Pues bien, en lo que llevamos de semana, las operadoras –Telecos- están moviendo sus fichas en el tablero del conglomerado económico agrupado en el hipersector o megasector de las industrias de las TICs.  Un conglomerado económico donde muchas de las grandes empresas intentan expandirse, en una dura y soterrada batalla, hacia capas que no formaban parte de su negocio original. Una batalla en que muchos quieren pasar de la concurrencia al monopolio pasando por el oligopolio. Movimientos de fichas que se concretan, por el momento, en:

  • El anuncio de que más de 20 operadoras de todo el mundo se alían para abrir la Wholesale Applications Community, una plataforma de aplicaciones para móviles, en clara competencia con la comercialización de aplicaciones por parte de  Apple y Google. Una alianza de operadores con acceso a tres mil millones de clientes y el objetivo concentrar el mercado de desarrolladores y venta de aplicaciones.
  • El alineamiento de Vittorio Colao,  consejero delegado Vodafone, con la posición manifestada por el presidente de Telefónica de cobrar a los buscadores. Y la respuesta de Eric Schmidt, consejero delegado de Google, que ha descartado el enfrentamientos con las operadoras y ha señalado que es necesario un trabajo conjunto para buscar fórmulas para compartir ingresos.
  • El reciente acuerdo de Telefónica con la Biblioteca Nacional y Publidisa, la mayor distribuidora de eBook español a través de TodoeBook, para la distribución y comercialización de contenidos editoriales a través de sus servicios. Con dispositivos propios como Tablet y acuerdos con fabricantes para que adapten sus terminales a los nuevos contenidos digitales. Así como acuerdos con editoriales como Santillana, Vocento y Anaya. Vodafone también ha llegado a un acuerdo con Publidisa para la venta de eBooks a través del móvil.

La Red se está comercializando rápidamente y el que piense que es una fuerte ofensiva contra la neutralidad de la red es que no ha enterado, parafraseando a James Carville, estratega de la campaña electoral de Bill Clinton: ¡Es la economía estúpido!.

Más vale ser consciente de lo que se cocina en la Red que soñar con un territorio idílico fuera de toda regla del sistema económico dominante. Me preocupa más la falta de “neutralidad” en el mundo que se manifiesta en: hambre, injusticias, paro y un largo etc…

Flattr. Un sistema para renumerar a los creadores

11 Febrero, 2010

A través de boingboing tengo conocimiento del proyecto Flattr: un sistema de micropago en línea que está poniendo en marcha Peter Sunde, uno de cofundadores de Pirate Bay, para renumerar a los creadores de contenidos en Internet, es decir, a los prosumidores.

El sistema que proponen es sencillo, permitir a los internautas que lo deseen de abonar una cuota mensual variable, según su elección, para renumerar a cualquier creador de contenidos en la Red –músico, bloguer, fotógrafo, videoproductor, etc-.

Los creadores dispondrán de un contador asociado a cada uno de sus contenidos que podrá ser incrementado con un clic por cada abonado a Flattr según la valoración que éste considere. El dinero recaudado se repartirá entre los creadores mensualmente de forma ponderada según el valor del contador asociado a cada contenido.

Un sistema que presupone que los creadores estarán motivados a crear contenidos de calidad para que les aporten un mayor número de clicks, mientras que el internauta podrá consumir obras de una forma ilimitada sin tener que gastar más dinero que el presupuesto que se ha asignado con su abono.

http://www.vimeo.com/9352664

Está por ver como evolucionará la iniciativa y el grado de aceptación que tendrá en la Red. Lo que es cierto es que abre una vía de modelo de negocio para renumerar a los creadores de contenidos en función del interés que despierte sus creaciones entre los internautas. Una alternativa al modelo SGAE.

Alierta, los operadores y el reparto del pastel de la Red

7 Febrero, 2010

Con las últimas declaraciones de César Alierta, presidente de la compañía Telefónica, el pasado viernes en Bilbao, donde planteó que los buscadores de Internet tendrán que pagar por canalizar el tráfico por las redes de comunicaciones de la operadora (véase el video), lo único que está haciendo es contribuir a abrir la caja de Pandora de Internet: romper la armonía de la “supuesta” neutralidad de la Red.

Obviamente, no ha faltado tiempo para en la redes sociales se manifieste indignación y descalificaciones personales (Véase Twitter o Menéame) por las pretensiones de Alierta, entre ellas, el calificativo de estar bebido. Significativo  el twitter de Enrique Dans, “experto” de prestigio sobre Internet según los “mass media” hispanos “Las declaraciones de Alierta, ¿a qué hora fueron? Siendo benevolente, asumo que había bebido…” . En este punto decir que quien conozca a Alierta, conoce que la forma como se expresa  en el video se corresponde con su dicción y oratoria normal.

Lo que ha planteado Alierta, como parte implicada y mensajero es el posicionamiento de las mayoría de las operadoras mundiales con relación a la Red:  somos el eslabón crítico en la Red y queremos obtener la máxima rentabilidad. Porque la Red no es un ente abstracto que funciona al margen de las leyes económicas como nos quiere hacer entender algunos seudosexpertos y gurús cantamañanas.

La Red está sustentada sobre un conglomerado económico agrupado en el hipersector o megasector de las industrias de la información y las comunicaciones y que va desde los dispositivos de cualquier tipo hasta las redes de comunicaciones pasando por el software y los productores de contenidos y distribuidores de éstos.  Un conglomerado económico donde muchas de las grandes empresas intentan expandirse, en una dura y soterrada batalla, hacia capas que no formaban parte de su negocio original. Una batalla en que muchos quieren pasar de la concurrencia al monopolio pasando por el oligopolio

En este contexto, como la conexión de los usuarios y proveedores de servicios y contenidos con la Red, depende de los operadores de telecomunicaciones de cada país -un sector monopolizado por dichos operadores con una tendencia generalizada al oligopolio con algunos controles  reglamentados según los países donde operan- es obvio que, nos guste o no, mientras las reglas del mercado sean las que son, intenten arañar una parte del pastel.

En fin, una cosa son los discursos fundacionales sobre Internet y otra cosa la realidad de la economía de mercado, conocer esta realidad nos evita muchas decepciones o frustraciones. Ignoro si Telefónica, Orange o AT&T, entre otras, conseguirán que Google y otros acaben pagando una cuota por el tráfico que se genera a petición de sus usuarios, pero lo que está claro es que hay un pastel y cada uno quiere su trozo.

Disclaimer: Esta entrada expresa exclusivamente la opinión personal del autor al margen de la vinculación profesional que tuvo, hace un tiempo, con el Grupo Telefónica.

La crisis en la Industria Cultural. Una transformación de las percepciones (parte 2)

11 Diciembre, 2009

CulturalperceptionEn una entrada anterior defendíamos la tesis de que la crisis en la Industria Cultural está motivada por una crisis de su cadena de valor de acuerdo con el modelo de Philip Kotler. Pero, además, deberíamos considerar las transformaciones en la percepción de la Cultura y en las formas de acceso y consumo de los productos culturales de nuestro tiempo.

La cultura por su definición verbal-etimológica es educación, formación y perfeccionamiento de las facultades intelectuales y morales de los seres humanos. Ahora bien, como en todo proceso histórico, a lo largo de la historia de la humanidad, la percepción y el acceso a la cultura occidental ha estado condicionado por el monopolio de los grupos de poder que marcaron determinadas características que fueron dominantes en cada época.  De forma resumida: en la Era Clásica la cultura fue aristocrática,  contemplativa  y naturalista;  en la Edad Media perdió el carácter naturalista y se impuso el religioso-trascendente;  en el Renacimiento, con la revolución humanista, recuperó el carácter naturalista de la Era Clásica;  con la Ilustración perdió su carácter aristocrático y patrimonial de una élite para convertirse en instrumento de renovación de la vida individual y social; y en el siglo XX, con el desarrollo de los Medios de comunicación de Masas, la cultura junto al entretenimiento se industrializó y paso a convertirse en un producto para consumo de masas.

Hoy en día, predomina una cultura industrializada que está mediatizada por las características de los modos de producción y distribución de las empresas del sector. Una producción cultural donde el objetivo final es el beneficio económico, y donde cohabitan la producción de entretenimiento, una determinada “cultura” de masas que actúa como  correa de transmisión de determinados valores –ideología socioeconómica y política- y una creación de nuevas significaciones –la cultura de élite. Por lo tanto, es la industrialización y la mercantilización de las obras quién determina que manifestación cultural será, o no,  socialmente significativa. Es decir, unos productos donde encajan perfectamente, salvando las distancias, Mickey Mouse con Mikel Jackson y con Gabriel García Márquez.

Asimismo, al margen de la cultura industrializada, existe una producción cultura tradicional y artesanal que se caracteriza por el carácter irreproducible del producto final aplicando los modos de producción industrial y que, por tanto, aplica un modelo de producción y comercialización distinto. Por ejemplo, la pintura, escultura o el teatro.

El escenario de la producción cultural se complementa con determinados sectores que impulsan una cultura independiente que persigue una eficacia estrictamente estética, ideológica o política con independencia del beneficio económico que les pueda reportar. Una cultura no industrializada que puede ser más significativa que la industrializada para ciertos individuos o colectivos sociales  y que ha tenido, hasta hace poco, una capacidad de difusión limitada.

Ahora bien, no hemos de perder la visión de que la cultura es algo inseparable de la condición humana y, además, es un componente fundamental para  el desarrollo como seres humanos, como individuos y como miembros de un colectivo social que nunca ha permanecido estático y, por tanto, las transformaciones siempre han estado presente en la humanidad que,  desde los tiempos más remotos, ha propiciado la creación en su búsqueda de nuevas significaciones como podemos observar en los múltiples registros que nos han ido quedando. Con mirar las pinturas de las cuevas de Altamira nos podemos dar cuenta de la dimensión transcendental del ser humano en la búsqueda de nuevas significaciones.

En esta búsqueda de nuevas significaciones, la creación cultural, a lo largo de la historia, ha ido incorporando las tecnologías disponibles y adaptándose a los contextos socio-económicos y políticos de cada época. Una creación donde siempre han surgido vanguardias que han roto con los estilos dominantes y han posicionado a la cultura como un elemento de transformación de valores, entre otros aspectos. Por tanto, es obvio que estando inmersos en un proceso de cambio de paradigma tecnológico, económico y social,  en el ámbito de la cultura también se están produciendo importantes transformaciones.

En este punto la pregunta pertinente sería: ¿Cuáles serían las transformaciones que se están produciendo?.  Pues bien, en estos momentos podemos identificar síntomas que nos permiten perfilar algunas tendencias que se están manifestando.

Por un lado, podemos observar que los sectores de la cultura independiente, gracias a la Red y los medios sociales de comunicación emergentes, están superando la escasa capacidad de difusión que tenía en el entorno donde dominaban los medios de comunicación de masas. Un sector donde surge un movimiento que propicia una cultura más libre y colaborativa sin copyright, el copyleft.

Por otro lado, en la Red se ha asentado una cierta percepción, de que lo digital no se considera “propiedad de nadie”, es decir, “se acepta socialmente que no es de nadie” y la apropiación indebida de lo intangible no está tan moralmente penalizado como la apropiación de lo tangible. No hemos de olvidar que en los primeros años de Internet, desde las propias instancias gubernamentales de medio mundo, los discursos sobre las Autopistas de la Información y la  nueva Sociedad de la Información y del Conocimiento  incidieron sobre aspectos como abundancia informacional y la democratización cultural y política. Abundancia cuantitativa e hiperelección en la terminología de Toffler. Es decir, el conocimiento y la cultura de masas accesible y disponible para cualquier persona que estuviese dispuesta a conectarse.

Por último,  una sensación de malestar, en amplios sectores de usuarios de Internet, de que la Industria Cultural durante estos años había abusado de su posición hegemónica en la distribución y comercialización de los productos culturales aplicando márgenes desorbitados en muchos de sus productos  –por ejemplo en el sector de la música-.

Estas son tendencias que están modificando la percepción en el acceso y consumo de los “productos” culturales de una Industria Cultural que nació y se desarrollo en un contexto donde el régimen tradicional de la protección de los derechos de autores y de propiedad  de los “productos” culturales fue concebido para obras soportadas de forma material y no digital. La Red y las tecnologías afines han “desmaterializado”  dichos productos que pueden reproducirse y circular rápidamente sin necesidad de que se materialicen en un soporte físico concreto o en alguna de las formas envasadas que históricamente han contenido las obras artísticas e intelectuales.

La próxima entrada trataremos el tema de los creadores.

To Be Continued

Véase la entrada anterior:

La crisis en la Industria Cultural. Es la crisis de su cadena de valor (parte 1)

La crisis en la Industria Cultural. Es la crisis de su cadena de valor (parte 1)

9 Diciembre, 2009

CulturalIndustriesSalvo algunas excepciones, se está imputando a las descargas “ilegales” de contenidos culturales –o piratería en Internet, para ponerle un acento más dramático -  la crisis generalizada de la “Industria Cultural” y, por ende, la de los autores, creadores y artistas. Pero la realidad, es que la causa son los efectos de las tecnologías de la información y la comunicación en la cadena de valor de las empresas del sector de la cultura.

Para entender esto, debemos tener en cuenta que la industria cultural, tal como la conocemos hoy en día, tuvo su arranque a mediados del siglo XX con la expansión de un mercado cultural que se iba concretando al mismo tiempo que se configuraba la llamada cultura de masas y comenzaba a aplicar los principios de la organización del trabajo a la producción cultural. Estamos hablando de una industria que se expande al mismo tiempo que los medios de comunicación de masas destinadas finalmente a los mercados de consumo con una función de reproducción ideológica y social del sistema.

Es decir, nos encontramos que se consolidan una serie de empresas que se articulan en torno a una “cadena de valor” de producción y distribución de mercancías con contenidos simbólicos concebidas por un trabajo creativo, organizadas por un capital que se valoriza y destinadas finalmente a los mercados de consumo.  Por consiguiente, nos encontramos que a mediados del siglo XX, aplicando el modelo de análisis de Philip Kotler, con una Industria Cultural cuya cadena de valor está conformada por todas sus actividades generadoras de valor agregado y por los márgenes que éstas aportan, y cuya ventaja competitiva se logra cuando la empresa desarrolla e integra las actividades de forma menos costosa y mejor diferenciada que sus rivales. Es decir, una industria formada por empresas que se rigen con las leyes del mercado que crecen y entran en crisis con éste.

Analizando la cadena de valor genérica de la Industria Cultural, aplicable, obviamente con matizaciones, a ámbitos como la música, el cine, el videojuego o el libro, nos encontramos que ésta se caracteriza porque la materia prima son los creadores y artistas que la empresa considera que les puede aportar valor.  Sean por su lanzamiento en el mercado –los noveles- o sean por su  “cotización” –los consagrados-. Estableciendo, en general, una renumeración sobre un porcentaje en las ventas –habitual en la música o el libro- o por contrato para una determinada producción –cine, videojuego-.

Además la empresa cultural, desarrolla un conjunto de actividades primarias relacionadas con el desarrollo del producto –generación del contenido final-, su “empaquetamiento” en el correspondiente soporte,  la producción de copias , la logística de distribución y la comercialización.  Cadena de valor que se complementa con una serie de actividades de soporte como la administración de los recursos humanos, las compras de bienes y servicios, las de desarrollo tecnológico  y las de infraestructura empresarial – finanzas, contabilidad, calidad, relaciones públicas, asesoría legal, dirección general-. Sin olvidar, el margen, es decir, la diferencia entre el valor total y los costos totales incurridos por la empresa para desempeñar las actividades generadoras de valor. En este último punto, señalar que las principales empresas culturales, durante sus años dorados, han estado acostumbradas a trabajar con márgenes muy holgados.

Hasta aquí el modelo funcionaba muy bien para el núcleo de empresas dominante de los mercados globales y locales.  Pero con el desarrollo y penetración social de las tecnologías de la información y las comunicaciones se empieza a socavar el modelo de la cadena de valor dominante en el sector por diversos motivos, entre ellos:

  • Por la digitalización de los contenidos que facilita los procesos de producción y distribución rompiendo la  dependencia de los soportes “continentes”.
  • Por romper, en parte,  el monopolio de los medios de producción y distribución. La disponibilidad de herramientas informáticas cada vez más económicas y potentes facilita que muchos “creadores” puedan desarrollar su producto cultural y distribuirlo sin tener que recurrir a intermediarios.
  • Por las inversiones y costes que deben asumir los ciudadanos para acceder y consumir productos culturales. Estamos hablando, dejando de un lado los dispositivos clásicos –televisores, reproductores musicales,…- de la conexión a Internet, de los ordenadores, de los eBooks,  etc.
  • Por la Red. El primer medio que facilita a los ciudadanos, en la historia de la humanidad,   el acceso masivo y libre a la información y el conocimiento.
  • Por el desarrollo de  los medios sociales que surgen como un componente clave en la promoción de los productos y reducen drásticamente los costes de marketing y publicidad.
  • Porque al mismo tiempo que se incrementa la oferta productos los consumidores son más exigentes y están más informados.

Aspectos están alterando la cadena de valor de muchas empresas de la industria de la cultura y provocando una importante perdida de sus ventajas competitivas al seguir aplicando un modelo concebido para un mundo analógico a un mundo digital.

Sigue leyendo: La crisis en la Industria Cultural. Una transformación de las percepciones (parte 2)