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Los niños robados. Crónica de un rodaje (2)

El grito de Edvard Munch (1893)

Hemos finalizado nuestro recorrido por el país, 22 días y más de 3.300 Km en coche,  filmando testimonios de las personas afectadas por la trama de los niños robados. Lo contábamos en una entrada anterior.  Más que entrevistas, se han recogido testimonios de las personas sin seguir el clásico formato donde las preguntas marcan el flujo de las respuestas.  Es el formato que ha aplicado Anna donde se ha impuesto, en la narración de los casos,  la espontaneidad y la expresión de las emociones sin cortapisas. Hemos de destacar que la mayoría de las personas se encontraron por primera vez delante de una cámara, pero no planteó ningún inconveniente, tienen tan interiorizada la indignación, la rabia y el desconcierto por la desidia de los poderes públicos, que sus historias fluyeron con total naturalidad. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y es cierto, las miradas y las expresiones de sus rostros que acompañaron sus palabras lo decían todo.

Son testimonios demoledores ante la falta de atención e interés de los poderes públicos en esclarecer sus casos. Hasta ahora, a la mayoría les han archivado sus denuncias sin proceder a una investigación exhaustiva que permita esclarecer que pasó con las irregularidades detectadas en la documentación y los procedimientos en los presuntos fallecimientos de recién nacidos en determinados hospitales y clínicas.  En 1987, el Gobierno de España reconocía, en el preámbulo de la Ley 21/1987, de 11 de noviembre, “las ausencias de control que permitía en ocasiones el odioso tráfico de niños, denunciado en los medios de comunicación, y daba lugar, otras veces, a una inadecuada selección de los adoptantes”, sin embargo todo apunta que, aunque reconociendo el hecho, el Gobierno del PSOE y los que los procedieron, no actuaron con la debida diligencia en aclarar ese “odioso tráfico de niños” e identificar a los implicados.

Hoy nos encontramos con miles de personas que están buscando a sus hijos presuntamente robados en clínicas y hospitales o personas que fueron adoptadas de forma irregular, en varios casos por madres adoptivas que simularon ser biológicas, y que buscan a sus verdaderos padres biológicos. Ante la ausencia del amparo de la Ley, son los propios afectados con sus propios recursos los que están investigando, recompilando información, analizando sus casos y comparándolos. Este trabajo de investigación precario está permitiendo identificar el patrón de actuación de la presunta trama de tráficos de bebes robados, el cual se repite de forma sistemática en cada caso individual, así como, la identificación de algunos de los responsables.  Una labor que correspondería a la policía judicial.

La presunta trama no contaba que sus victimas, relegadas a la soledad de sus dramas individuales, con la implantación de Internet en general y las redes sociales en particular, pudiesen ponerse en contacto, coordinarse y compartir información. Lo que eran casos individuales aislados se está convirtiendo en un caso global. Unas víctimas que se están organizando y, poco a poco, están consiguiendo que sus voces empiecen a tener eco en la sociedad gracias a la difusión de los medios de comunicación. Sus acciones y denuncias es un recordatorio a los poderes públicos de que la Constitución española en su Artículo 15 garantiza los derechos más básicos y primarios de las personas, es decir, los derecho a la vida y a la integridad física y moral, en la medida en que la afirmación de los demás derechos solo tiene sentido a partir del reconocimiento de éstos.  El coraje y el tesón de todas estas personas, es una lección para los poderes públicos porque está permitiendo que la verdad empiece a aflorar y que algunos jueces y fiscales se “pongan las pilas” o que algunos miembros de la “clase” política empiece a demostrar una cierta sensibilidad ante estos delitos que, por su amplitud, se puede catalogar como un crimen de lesa humanidad. Lamentablemente, por el momento son pocos los que están por la labor.

La reivindicación masiva de los afectados está rodeada de generosidad y humanidad. La gran mayoría, no busca la venganza o compensaciones económicas. Quieren que se sepa la verdad, que los responsables queden identificados públicamente,  y poder transmitir a sus hijos o hermanos robados que nunca fueron abandonados porque eran hijos o hermanos deseados. De la misma manera que los hijos adoptados irregularmente quieren conocer su origen y su familia biológica.

Anna tiene en sus manos un material de decenas de horas  con testimonios de afectados de una gran parte de la geografía del país. Tiene un gran reto, sintetizar en una película-documental de hora y media el testimonio y las reivindicaciones de todas estas personas.  Le deseo mucha suerte y éxito en la difusión de una realidad que se ha mantenido oculta durante tantos años.

Los niños “robados”. Crónica de un rodaje (1)

Sorprende la capacidad premonitoria de Antonio Machado en sus versos: “Españolito que vienes al mundo te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón”.  La verdad es que cada vez que hurgas un poco, a menudo, este país te hiela el corazón. Debajo de sus alfombras se acumula una suciedad rancia y abyecta que atenta contra los derechos más elementales de la dignidad humana.

Estoy acompañando a Anna (mi hija) en el rodaje de su película-documental sobre los casos de niños robados, llevamos recorridos 2.000 Km del territorio y entrevistados a decenas de madres, padres, hermanos, hermanas y adoptados que sospechan que fueron hijos robados. Son testimonios de personas que buscan saber que pasó con sus hijos o hermanos que supuestamente fallecieron al nacer y que fueron dados (vendidos) en adopción a terceros.

El fenómeno de los niños robados se remontan a los años más oscuros del franquismo cuando se utilizó como un método más de la represión política e ideológica en las cárceles franquistas contra las mujeres republicanas a las que se les arrebataba a sus hijos y los daban en adopción, para “limpiarlos” de la contaminación “marxista”. A muchas condenadas a muerte se les suspendía la sentencia hasta después del parto. Más tarde, lo que fue un proceso de limpieza ideológica se convirtió en un floreciente negocio para una extensa trama de robo y venta de recién nacidos. Un fenómeno que transcurrió durante el periodo de la apertura de la Dictadura  de Franco al mundo y, después, con los diferentes gobiernos de la democracia. Una presunta trama formada por médicos, monjas, sacerdotes, comadronas y funcionarios corruptos que, a partir de los años 50 y hasta hace poco, se dedicaban a arrebatar directamente a recién nacidos a sus madres biológicas para satisfacer una demanda que no podía cubrir la “oferta” de niños y niñas abandonados o no deseados por causas económicas, sociales o morales.

Una presunta trama que encaja perfectamente con el crimen organizado especializado en el tráfico de seres humanos. Estamos hablando de miles de casos. Una trama abyecta porque sus miembros, no se identifican con el perfil clásico de los típicos delincuentes de estos actos delictivos. Sus miembros forman parte la sociedad biempensante, la que no pierde la oportunidad de darnos lecciones sobre la moral o el derecho a la vida. Estamos hablando de sacerdotes, monjas o médicos que decidieron quién tenía derecho a tener un hijo, dónde y cómo, al mismo tiempo que lo convirtieron en un negocio lucrativo. Estamos hablando de familias “pudientes” que compraron a un recién nacido, en muchos casos haciéndoles pasar por hijos biológicos, sin cuestionarse el qué y el cómo obtuvieron ese hijo o hija.

Si tengo que buscarle una connotación simbólica a este viaje, la imagen que me viene es: El corazón en la tiniebla. La narración de Joseph Conrad de un viaje donde uno se convierte en testigo del horror, un descenso a los infiernos donde nadie puede quedar impasible. Todavía nos queda muchos kilómetros y muchas entrevistas en este viaje singular.