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Open Data. Los mejores servicios municipales del 2011

Me ha interesado la selección de las mejores iniciativas de servicios municipales realizada por The Atlantic Cities Matter en su revisión anual. Aunque esté centrada en las grandes aglomeraciones del entorno anglosajón, son servicios simples basados en la apertura de los datos (Open Data) y muy cercanos a los ciudadanos donde, en algunos casos, la transparencia en la gestión es el leitmotiv dominante.  En este punto destacar las iniciativas de Seattle, Washington o Chicago, en esta última, con la publicación de la relación exhaustiva de los sueldos de todos sus empleados públicos con nombres y apellidos. A continuación el ranking:

1. Seattle: Infracciones municipales. Una base de datos que permite buscar y seguir paso a paso, los expedientes de denuncias sobre infracciones urbanísticas y el medio ambiente.

2. Washington: Pago a los proveedores municipales. Acceso a los datos que permiten identificar a los proveedores del gobierno local y los importes de las transacciones.

3. Edmonton: Seguimiento de los mosquitos en la ciudad. El tema puede parecer pueril, pero los mosquitos son una molestia y en algunos casos una amenaza para la salud, sólo pensar en el mosquito tigre para los que vivimos en Cataluña, ya vale la pena. Esta base de datos, que está operativa durante la primavera y el verano, permite obtener las listas de las capturas de mosquitos y para cada captura su identificación como especie. Datos que nos permite realizar un seguimiento de la evolución de las plagas en los diferentes distritos de la ciudad.

4. Nueva York: El consumo eléctrico. A través del código postal podemos consultar el consumo de energía eléctrica de la ciudad. (datos 2010)

5. Toronto: Vías de un solo sentido. Los canadienses están en la línea de construir una “ciudad que piensa como la web”. En este sitio web se pueden conocer todas las vías de sentido único útil para los profesionales del taxi o los repartidores para planificar sus rutas.

6. Londres: La población en un día normal. Mediante la recopilación de diversos datos (empleo, demografía, escuelas,…), distrito por distrito se puede  conocer el número de personas realmente presentes en una zona de la ciudad durante un día normal según tipo de actividad . (datos 2010).

7. Chicago: Los vehículos desplazados de su estacionamiento original. Tan simple pero tan útil: una base de datos que identifica los vehículos que han sido desplazados de su estacionamiento original por la grúa y el motivo, desde la infracción por aparcamiento a los desplazamiento en la calle por obras y otros actividades de los servicios municipales.

8. Chicago: Los salarios de los empleados municipales. La transparencia llevada hasta sus últimas consecuencias. La relación de todos los empleados municipales con los nombres, apellidos, cargo, departamento y salario anual.

9. San Francisco: Los parquímetros y su ubicación. Este servicio se relacionan todos los parquímetros de la ciudad, las restricciones de estacionamiento y los tipos de ubicación.

10. Vancouver: Los semáforo. Para aquellos que deseen modelar el tráfico, una base de datos con todos los semáforos de la ciudad y su localización.

 

Open Data. Costes y beneficios de la apertura de los datos

En estos últimos años se ha ido consolidando una corriente de opinión, o toma de conciencia,  a favor de la apertura de los datos de los organismos públicos y de los datos de las investigaciones financiadas con fondos públicos.  Esta corriente de opinión, en general, busca optimizar las políticas de innovación facilitando que los datos de las Administraciones Públicas (AA.PP) y otros organismos públicos estén disponibles para su uso y reutilización con las mínimas barreras en forma de costes o “molestias” burocráticas para su acceso.

Los criterios que se están aplicando para liberar los datos públicos son diversos: desde una posición política bien definida al voluntarismo de algunos gestores públicos, pasando por el simple mimetismo de replicar las iniciativas de terceros. Sin olvidar que en la mayoría de los discursos están aliñados con la ficción de la transparencia. Sin embargo, la cuestión fundamental es que la decisión política para que los organismos públicos liberen los datos implica que éstos (a) deberán organizar la administración y preservación de los datos,  (b) para que estos sean fácilmente reconocibles y disponibles para su uso y reutilización con el mínimo de restricciones, y (c) suministrándolos gratuitamente siempre y cuando sea posible. Obviamente este enunciado de tres puntos, tiene un impacto económico por los costes que pueden conllevar a los organismos públicos y los beneficios que pueden aportar a la actividad económica y a la sociedad.  

Por lo tanto, ponderar los costes y beneficios es crítico, sobre todo en periodos de restricciones presupuestarias y recortes de servicios públicos.  Un aspecto que, en general, no se ha tenido en cuenta en el momento de decidir una política de apertura de los datos. Es por este motivo, que son necesarios estudios y análisis que contemplen los aspectos económicos y sociales (valor social independiente del valor económico) de forma rigurosa en la toma de decisiones que vaya más allá del voluntarismo o de la intuición benevolente del político de turno. En esta línea, el análisis elaborado por John Houghton, del  Centre for Strategic Economic Studies, Victoria University (Melbourne),  Costs and Benefits of Data Provision: Report to the Australian National Data Service (PDF), es una nueva contribución científica, desde una perspectiva económica, a la viabilidad de la apertura de los datos realizada mediante el análisis de una serie de estudios de casos para determinar sus costes y beneficios, al mismo tiempo que se analiza la experiencia de los usuarios en el acceso y utilización de los datos y la estimación de los impactos económicos que conllevan.

Muy recomendable la lectura el estudio de Houghton porque, entre sus aportaciones, se propone un método para el análisis coste-beneficio al mismo tiempo que se detectan algunas de las lagunas y dificultades que plantea una política de apertura de datos públicos en términos económicos.

 

Open Data. La ficción de la transparencia pública

Hace casi dos años, la Administración estadounidense puso en marcha el proyecto data.gov con el objetivo abrir los datos públicos y ponerlos a disposición de la sociedad para que la iniciativa privada pueda desarrollar servicios que aporten valor a la ciudadanía y fomentar la transparencia de las Administraciones Públicas (AA.PP.) facilitando así las iniciativas de análisis y evaluación de la gestión pública.

En este periodo hemos visto como las iniciativas se han multiplicado en varios países en los distintos niveles de sus AA.PP. o en organismos supranacionales como las Naciones Unidas (UNData Api Project), la OCDE (OECEiLibray) o el Banco Mundial (Data Catalog).

En el World Map of Open Government Data Initiatives (vía NicolasKaiser-Bril) puedes ver con detalle el mapa de las iniciativas Open Data y los enlaces a los sitios Web. También se puede consultar la Open Data @ CTIC que también incluye un mapa y sus enlaces a sitios Web.

Que las AA.PP. ponga a disposición del gran público sus datos, la inmensa mayoría series estadísticas, de una forma accesible al público no deja de ser una aportación positiva al desarrollo de la Sociedad de la Información. Sin embargo, en mi opinión, por el momento la transparencia como banderín de la iniciativa brilla por su ausencia.

En efecto, el argumento de que el crecimiento de los conjuntos de datos disponible dará lugar a una mayor transparencia es alimentar una ficción. Porque la mayoría de los conjuntos de datos que se están liberando en la Red ya estaban liberados al público en otros soportes como los anuarios estadísticos que publicaban los diferentes organismos públicos o centros de investigación, y, sobre todo, no debemos olvidar que las AA.PP. de acuerdo con las directrices políticas de sus gobiernos  siguen manteniendo la potestad de decidir lo que es público y lo que se mantiene bajo siete llaves.

Así mismo, hay formas de alimentar la ficción de la transparencia. Por ejemplo, las administraciones nos pueden aportar el presupuesto anual agregado en sus diferentes artículos, es un detalle y no deja de ser un información interesante para conocer grosso modo dónde van nuestros impuestos. Es decir, podemos saber a nivel macro que parte del gasto se destinará a remunerar al personal o que parte se dedicará a inversiones (hasta aquí la transparencia). Pero si queremos conocer a nivel micro las distintas partidas presupuestadas y la ejecución de dicho presupuesto (aquí empieza la ficción) lo vamos a tener difícil, pero que muy difícil.

Al margen de los catálogos de datos puestos a disposición del público y la posibilidad de poder solicitar que se liberen nuevos conjuntos de datos, la realidad es que un ciudadano, un investigador o un periodista que solicita datos concretos a las AA.PP. sin incurrir en aspectos como la privacidad, la seguridad o la propiedad, lo más probable es que se enfrente casi siempre a un rechazo inicial.

Aún mas, la apertura de datos públicos no está pensada en y para los ciudadanos, esta pensada para el sector empresarial.  Se “pide” a las administraciones generar catálogos de datos, de preferencia en un formato “entendible” por las máquinas. Un esfuerzo y, por consiguiente un coste a cargo de los contribuyentes, donde el ciudadano no suele ser el principal beneficiario porque no todo el mundo es capaz de leer o interpretar una tabla o un gráfico en Excel y menos una base de datos organizada en formato RDF semántica.  Por tanto, el principal destinatario es el sector privado que desarrollará aplicaciones con un valor añadido comercial gracias al marshup y el cruce de diferentes conjunto de datos públicos, los cuales, en algunos casos, generarán otros nuevos conjuntos de datos que ya no serán públicos.

En otras palabras, transparencia la que considere oportuna la Administración, beneficiario principal: las empresas que podrán “innovar” y desarrollar sus modelos de negocio gracias a los datos públicos.  ¿El ciudadano?…

Mientras tanto, cada nueva iniciativa de datos abiertos irá precedida de una declaración programática del tipo:  “Con el Open Data X persigue aumentar la transparencia, al permitir el acceso a su información, haciendo un ejercicio continuado de rendir cuentas, universalizar el acceso a los datos permitiendo un uso social y su reutilización, para crear, por ejemplo, servicios basados en información pública por parte del sector privado (complementando los servicios que ofrece X) y, promocionar el tejido económico y la innovación, ofreciendo datos de calidad, la materia prima de la sociedad de la información” con sustituir X por el nombre oficial de tu organización ya tienes la plantilla programática.

¿Qué opinas tú?