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La ansiedad del mono macho con banda ancha

Que la vida online, la vida en las redes sociales, nos provoca un cierto grado de ansiedad por el número “amigos” o “fans” –conexiones- que configura nuestro grafo social es un hecho que se manifiesta por los usos y prácticas que podemos observar en dichas redes.

En las redes sociales, en general, mantenemos  las relaciones sólidas con nuestro círculo más próximo formado por familiares, amigos o colegas de actividades –profesionales, deportivas, culturales, etc.- pero, al mismo tiempo, se están potenciando las relaciones fugaces, etéreas, intensas y sin compromisos, unas relaciones líquidas que se establecen con un simple clic en el botón -¿Quieres ser mí amigo o quiero seguirte?- y que se deshacen con otro simple clic en el botón –Dejar de seguir a…-.

Unas relaciones líquidas que alimentan una tendencia de cuantificar nuestras vidas, nuestras relaciones y nuestro significado social. Tendencia que favorece una ansiedad social virtual: siempre queremos más amigos, más conexiones. Una ansiedad que se ve reforzada por el desarrollo de un sentimiento de cercanía con los desconocidos, que promueve el proceso de comparación con el otro.

Jonah Lehrer,  en un acertado artículo en The Frontal Cortex plantea la cuestión de si las métricas –amigos, seguidores, conexiones- realmente están evaluando algo significativo.  Porque hemos asumido la nebulosa natural de las interacciones sociales – podríamos saber el cuánto de importante somos, pero difícilmente sabemos el cómo de importante somos. El resultado final es que nuestras relaciones están ensombrecidas por las relaciones de poder que se dan en las redes sociales y las jerarquías explícitas.

Lehrer hace referencia a ciertos comportamientos en Twitter donde, si una importante parte del flujo de las retroalimentaciones que se establecen entre seguidos y seguidores son sinceras, existen otras muchas interacciones que son “falsas” y están motivadas por el hecho de obtener una respuesta o retweet de los otros con el objetivo de conseguir una reafirmación de la posición personal en la red. En otras palabras, el poder “real” dentro de la red social puede estar deformado por la propia naturaleza de las interacciones sociales online.

Para él, somos una especie de primates sociales obsesionados con nuestro estatus y la búsqueda de éste en muchas de nuestras interacciones, tanto personales como online. Las plataformas sociales agudiza la ansiedad del estatus personal: siempre estamos moviéndonos hacia arriba para tener más amigos, más seguidores y más conexiones.

En mi opinión, la visión –autocrítica- de Lehrer no va desencaminada, el fenómeno de cuantificar nuestra presencia social en los medios sociales es algo que está omnipresente. Los “contadores” están sirviendo como un medidor de la influencia social del poder de nuestra “marca” personal – testosterona en el mundo de los primates y no tan primates- y que van desde los que nos siguen –que no quiere decir que nos escuchen-  hasta el número de aplausos y afirmaciones que recibimos. Para ello disponemos herramientas para medirnos y para compararnos con los demás, o proliferan los manuales con los decálogos que debemos seguir para obtener más seguidores o tráfico en el caso de un blog.

Es la reafirmación de que en la naturaleza humana sigue dominando la tendencia hacia las jerarquías explícitas, como los primates: tratamos de forma diferente a un  jefe que a un subordinado, a un amigo rico y con poder  que a un amigo pobre y en el paro, tratamos de forma diferente al rico en audiencia en la red que al pobre.

Como dice Lehrer con cierto humor  “I’m just a male monkey with broadband” -sólo soy un mono macho con banda ancha-.

La creatividad sin límites. La mirada de un parado

Frederico Teixeira de Samapayo, un desempleado, ha resultado ganador del concurso MyWorld de la BBC con su video “Lavar, Enjuagar y Centrifugar“. Una metáfora del día a día de un parado.

Una única imagen en un plano fijo y un fluir de reflexiones.

Fuente: BBC

Enrique Dans. Cuadrando el círculo del caníbal-vegetariano

Sr. Enrique Dans, usted es un personaje con proyección mediática y, por tanto, creador de opinión sobre la Red, una especie de gurú. Es decir, un personaje que puede ser susceptible de la legítima crítica por sus opiniones y mensajes que transmite.  Si le trato de personaje es porque reúne un conjunto de rasgos físicos, psicológicos y morales prefijados y reconocidos por los lectores o el público espectador como peculiares por su función o papel ya conformado por su propia proyección pública.

Acabo de leer su última entrada ¿Cuadrando el círculo? En la que intenta justificar porque ha publicado un libro para que sea vendido en los circuitos comerciales tradicionales. Probablemente, en estos momentos, Ud. sea el único autor-escritor de la historia que publica un libro e intenta justificar su comercialización. Algo que intentan e intentarán todos los autores-creadores del mundo por una cuestión básica: poder vivir de su trabajo.

Y si me pregunto el porqué de su justificación y una vez analizada su argumentación (bastante infantil, la verdad sea dicha, más en la línea de otro personaje mediático como Belén Esteban: ¡por mi hija mato!)  y los principios que transmite públicamente, mi conclusión es que busca cuadrar el circulo entre su pretendida defensa de la más absolutas libertades en la Red y sus intereses personales más acorde con las ideologías socio-económicas neoliberal. Es decir Ud. cuadra el círculo con un pretendido discurso anarco-neoliberal difícil de digerir.

Su defensa de la pretendida neutralidad de la red, de la libre circulación de bits, de la libertad de las descargas, de la no intervención de los poderes públicos, etc, es tan circunstancial como la defensa que realiza Google porque necesita la libertad de circulación de “bits” para consolidar su dominio en la Red. Obviamente, es mi opinión, como expresé en “La neutralidad de la Red. ¿Ideología o empanada mental?” y siempre tendrá la posibilidad de rebatirla ya que usted se reafirma como una persona que “nunca rehúye una buena discusión ni le asustan los retos”.

He afirmado que su discurso anarco-neoliberal es difícil de digerir porque para usted el derecho de acceso a la información y la cultura se sustenta en  el principio de que si puedes pagarte el acceso al ancho de banda podrás acceder a los contenidos y servicios y de que “free” no significa gratis total (esto lo ha escrito usted). Pues bien, una cultura libre y democrática, en román paladino,  significa el derecho de que cualquier ciudadano pueda acceder libremente a la cultura con independencia de su capacidad económica, y no en base al principio neoliberal: de total libertad total de circulación de bienes y servicios y que cada uno acceda a ellos según su capacidad económica.

Usted tiene todo el derecho y la libertad de: publicar un libro, venderlo y obtener la mayor rentabilidad; de formar parte del lobby de Google; de estar alineado con las tesis más  neoliberales sobre como debe funcionar la sociedad y la economía. Pero su pretendido activismo por las libertades democráticas en la Red casan mal. Usted juega con la ambigüedad de los conceptos, está intentando cuadrar el circulo de la misma forma que lo intentaría un caníbal-vegetariano. Por favor, sea caníbal o vegetariano, pero no los dos a la vez por coherencia.

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