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Telefónica, Amazon y nuestra perdida de competitividad

La restructuración de Telefónica y el inminente aterrizaje de Amazon en España son, en mi opinión personal, malas noticias para el desarrollo del sector de las TICs en España y, por tanto, con una fuerte incidencia en las transformaciones estructurales que tanto necesita nuestra economía al limitar, en cierta medida, el crecimiento de un sector tan importante como el de las nuevas tecnologías.

Telefónica con su última restructuración confirma su carácter de empresa multinacional y reduce su actividad en España a la gestión de una simple unidad de negocio diluida en el área geográfica de Europa, un área de negocio madura y que aporta, por lo tanto, menos ingresos comparada con Latinoamérica, la otra área de negocio en plena expansión. La perdida de peso de España como unidad de negocio va acompañada de una nueva reducción de la plantilla local de 6.000 empleados y, sobre todo, de una reducción de la actividad de creación e innovación en nuevos productos y servicios al crearse la unidad de negocio Telefónica Digital con sede central en Londres y sedes regionales en Madrid, Sao Paulo, Silicon Valley en California, así como lugares estratégicos del continente asiático. Todo apunta que Telefónica Digital tiene como misión  afianzar el papel de Telefónica en el mundo digital y aprovechar todas las oportunidades de crecimiento de este entorno, acelerando la innovación, ampliando y reforzando la cartera de productos y servicios. No deja de ser una forma de deslocalización del área que agrupará a los profesionales de más alta cualificación de la compañía, perdiendo nuestro país, en este caso, el liderazgo en el sector digital de una de las principales compañías operadora del mundo y líder tradicional de la inversión privada en I+D en nuestro país. En otras palabras, hasta hace poco, España era el centro de operaciones de Telefónica, a partir de ahora, queda reducida a una simple sucursal de comercialización y prestación de servicios.

Amazon, hoy en día es el referente del comercio electrónico mundial, empezó vendiendo libros, sin embargo, hoy es una especie de Corte Inglés virtual mundial, donde podemos comprar cualquier cosa, desde electrónica de consumo, hasta aceite y vinagre para aderezar las ensaladas, pasando por la ropa, zapatos o los accesorios para los automóviles. A partir del 15 de septiembre empezará a operar directamente en el mercado español. En mi caso personal como consumidor es una buena noticia, llevo muchos años utilizando sus servicios desde los Estados Unidos para la compra de libros y mi balance ha sido positivo: buenos precios y unos servicios de preventa, logística de distribución y postventa muy eficientes. Sin embargo, para el desarrollo del comercio electrónico local en España es una mala noticia a corto y medio plazo. En efecto, el panorama del comercio electrónico en España es bastante desalentador salvo algunas pocas iniciativas si dejamos al margen las experiencias de algunas empresas consolidadas del sector de la distribución que lo  utilizan como canal complementario de sus centros comerciales y tiendas. Amazon lidera la tecnología de comercio electrónico, tiene capacidad y experiencia para consolidar una buena logística de distribución, tanto nivel local como internacional, y, por último, sin olvidar su extenso catálogo de productos de todo el mundo, la fuerza que tiene para negociar con los proveedores para poder vender los productos a un precio inferior a la media del mercado. Este potencial, va a provocar que las iniciativas de comercio electrónico a nivel local no puedan competir con el nuevo gigante que se nos instala por aquí.

Únicamente tendrán viabilidad aquellas iniciativas de comercio electrónico de nicho muy especializada y con mucho valor añadido para el consumidor final. En otras palabras, con la entrada de Amazon la hipótesis plausible es que en la innovación y el desarrollo de actividades relacionadas con el comercio electrónico, tanto desde un punto de vista tecnológico, como en el know-how del sector de la distribución online, quedemos relegado a la de meros espectadores. Por ejemplo, España es la cuarta potencia editorial del mundo y líder del mundo hispanohablante con más de 3.000 editoriales censadas y no ha sido capaz de consolidar una plataforma de comercialización y distribución online de su producción editorial, tanto en las versiones en papel como en electrónico  para el mercado de habla española. Con la llegada de Amazon, esta oportunidad queda cegada porque la compañía de Jeff Bezos trae la plataforma y el modelo de negocio ya consolidado.

La crisis que actualmente estamos viviendo es global y obviamente su solución también será a nivel global. Sin embargo, las acciones a nivel local que vayan tomando los países determinarán, en cierta medida, cómo saldrá cada uno de ellos de la crisis. En nuestro caso, además del azote que sufrimos de los mercados se hace evidente, cada vez más, que necesitamos importantes transformaciones en nuestra estructura económica. Lamentablemente, desde que el sector de la construcción dejó de ser el motor del crecimiento (un crecimiento especulativo con los pies de barro que estamos pagando muy caro), la pasividad es el común denominador. Sigue vigente la lapidaria expresión de Miguel de Unamuno: ¡Qué inventen ellos!.  Vemos como seguimos perdiendo posiciones en el sector de las TICs, uno de los principales motores de la Sociedad de la Información y de la Economía del Conocimiento.

Los dos grandes partidos ya están inmersos en la campaña electoral con sus consignas y promesas. Hace un mes, Rubalcaba afirmó categóricamente que tenía la formula para crear empleo, ahora matiza que no se puede comprometer con algo que no se pueda cumplir. Rajoy dice que aspira a crear 3,5 millones de empleo en los próximos 4 años. Ninguno dice cómo, porque son los típicos brindis al sol en una campaña electoral que lanza una clase política que está hundiendo nuestro país en el pesimismo y el fracaso.

Telefónica, Bimbo, BBVA. Adiós al empleo fijo

En Occidente y, en especial, en nuestro país La economía del siglo XXI está respondiendo a una conjunción de paro estructural y empleo cada vez menos estable e indefinido. En esta semana tres anuncios de reducción de empleo son ejemplos significativos que marcan las tendencias hacía donde va el empleo del futuro.

El primero es que a pesar del incremento de la edad para la jubilación, siguen la oleada de prejubilaciones por despidos expulsando del mercado de trabajo de miles y miles de trabajadores cualificados mayores de 50 años. Como el caso del BBVA que después de varios años de reducción continua de plantilla mediante prejubilaciones, anuncia una nueva ronda que afectará a otros 350 trabajadores.

El segundo es el caso de Telefónica con su anuncio de reducir un 20% su plantilla de telefonía fija en España sustituyéndoles por la externalización de servicios con el objetivo de aumentar la flexibilidad y la productividad. La paradoja es que una empresa con grandes beneficios, al mismo tiempo que anuncia su plan de despidos, lo acompaña con un plan millonario de incentivos para sus directivos. Unas iniciativas que al margen de las valoraciones éticas y morales,  alineadas con el pensamiento neoliberal que domina el mercado actualmente, muestra la transformación de una compañía desde un mercado local a uno global y cuyas reglas y compromisos se han modificado radicalmente de acuerdo con la dinámica dominante en el mercado internacional.

El tercero es el caso de Bimbo con el anuncio del despido de todos los empleados de su red de ventas con contrato fijo y su reconversión en autónomos dependientes con el objetivo de conseguir un “modelo sostenible de distribución” que se adapte a las condiciones de mercado.

Eliminación de las plantillas con más antigüedad por sus mayores costes y externalización cada vez más de servicios reduciendo plantilla propia forman parte de patrón que va a marcar el empleo en los próximos años. Las empresas van a focalizar sus esfuerzos en el núcleo de su negocio con unas plantillas minimalistas de empleados fijos que aporten mucho valor y el resto de actividades se externalizan con una red de colaboradores y empleo a tiempo parcial.

Es decir, el modelo 20-40-40, el cual, según Alejandro Borges, profesor de la Universidad Camilo José Cela,  significa que las empresas del futuro inmediato contarán con un 20% de empleados a tiempo completo, con un 40% que serán empleados a tiempo parcial, quienes aportarán su capacidad intelectual pero  sin estar del todo ligados a la empresa, y un 40% restante que se corresponderá con los servicios externalizados”. Por lo tanto, salvo ese 20% que será el corazón de la empresa, los que tomen las decisiones y dirijan los procesos, el resto serán trabajadores que aportarán valor pero sin un vínculo estable y continuo (fuente).

Por lo tanto, crecerá la dualización social con una élite minoritaria con empleo fijo y centrado en un único proyecto, la empresa, y una inmensa mayoría trabajando por proyectos acotados en el tiempo o cubriendo las cargas de trabajo en un marco de relación laboral-profesional donde la flexibilidad estará en el orden del día.  En principio, esto no debería ser malo per se, ya que  a priori significa una mejora de la productividad, una mayor motivación y especialización profesional para competir en un mercado donde el empleo se convierte en un recurso escaso o mayor autonomía y movilidad personal, entre otros factores. Sin embargo, los agentes sociales, económicos y políticos, sobre todo estos últimos, no están abordando con rigor y con perspectivas la transformación de un modelo basado en el empleo permanente y para una sola empresa, el de la Revolución Industrial  ya finiquitado, a un modelo flexible donde el autoempleo y el emprendimiento personal será el motor de la fuerza laboral del siglo XXI.

Esta transformación del modelo de relaciones laborales y de producción requiere abordar múltiples acciones sincronizadas que requiere incidir en ámbitos como el sistema educativo y la formación profesional (se habla más que se hace), un replanteamiento del el sistema de protección del desempleo que permita adecuar la flexibilidad en la ocupación con la calidad de vida para las personas, una simplificación de las normativas para el autoempleo y el emprendimiento, una mayor eficacia en las políticas activas de empleo, una profunda reforma fiscal tanto para las personas físicas como las jurídicas que garantice un equilibrio impositivo entre los periodos de “vacas gordas” y los de “vacas flacas”, etcétera.

Es decir, profundizar en un modelo de economía sostenible en un mundo global. Porque lo que no es sostenible es que el gobierno de turno viva pendiente del cortoplacismo de los datos mensuales del desempleo o los datos trimestrales de la EPA y vaya planteando unas reformas del mercado laboral realizadas a trancas y barrancas sin un plan de acción socioeconómico transversal a medio y largo plazo.

No deja de ser significativo el grado de incompetencia en políticas de empleo, porque el margen de maniobra es casi nulo cuando se claudica a la dinámica del mercado, con una tasas de desempleo que supera el 20% (43,5 % de los jóvenes). No es un desliz  que el Ministro de Trabajo declare que “no descarta los cinco millones de parados si continúa aumentando la población activa” o que el Consejero de Empleo de Andalucía en su análisis del incremento del paro en su comunidad en el mes de Marzo publicado en su página de Facebooklas causas, el fin de la campaña de la aceituna y una Semana Santa tardía que ha retrasado las contrataciones en el sector servicio un mes más” pero que “a finales de 2011 alcanzaremos la creación neta de empleo si las empresas invierten de nuevo”. Es decir, un Ministro de Trabajo, 17 Consejeros de Empleo, decenas de altos cargos entre directores, subdirectores y asesores, unos cuantos cientos de técnicos especialistas para llegar a la conclusión de que las oscilaciones de la población activa incide en las tasas de desempleo o que los problemas de la aceituna o el inicio de las vacaciones de Semana Santa (empleos de alta temporalidad) son las variables que determinan la oscilación de la ocupación en nuestro país. Es la constatación de que la política no gestiona la incertidumbre, simplemente se hace eco de ella.

Sin olvidar, la ración del “chocolate del loro” en la reunión del presidente del Gobierno con los 41 grandes empresarios españoles y el presidente de la CEOE, a finales del mes pasado, con la oferta de un programa de 30.000 becas de seis meses para los más jóvenes, dirigido por un grupo de trabajo coordinado por el presidente de Telefónica, César Alierta, acompañado, dos semanas después, con la “gran chocolatada” empresarial del ya famoso anuncio de un ajuste del 20% de la plantilla de Telefónica. No deja de ser una nueva “vacilada” de los actores del mercado contra el apuntador de una obra con el guión equivocado.

En fin, tiempos de ajustes, reajustes, zozobras y esperanzas en un momento de grandes cambios y transformaciones, donde la política, que debería ser la expresión de la voz de los ciudadanos, queda reducida a una simple comparsa de los acontecimientos.

It’s the economy, stupid. Las Telecos mueven sus fichas

En el Mobile World Congress se están evidenciando los últimos movimientos que están realizando las operadoras en el gran negocio que representa la Red.

Hace unos días Alierta, presidente de Telefónica anunció su intención de que los buscadores de Internet tendrán que pagar por canalizar el tráfico por las redes de comunicaciones de la operadora. Es decir, tal como analicé en una entrada anterior, lo que estaba planteando Alierta, como parte implicada y mensajero es el posicionamiento de las mayoría de las operadoras mundiales con relación a la Red:  somos el eslabón crítico en la Red y queremos obtener la máxima rentabilidad.

Pues bien, en lo que llevamos de semana, las operadoras –Telecos- están moviendo sus fichas en el tablero del conglomerado económico agrupado en el hipersector o megasector de las industrias de las TICs.  Un conglomerado económico donde muchas de las grandes empresas intentan expandirse, en una dura y soterrada batalla, hacia capas que no formaban parte de su negocio original. Una batalla en que muchos quieren pasar de la concurrencia al monopolio pasando por el oligopolio. Movimientos de fichas que se concretan, por el momento, en:

  • El anuncio de que más de 20 operadoras de todo el mundo se alían para abrir la Wholesale Applications Community, una plataforma de aplicaciones para móviles, en clara competencia con la comercialización de aplicaciones por parte de  Apple y Google. Una alianza de operadores con acceso a tres mil millones de clientes y el objetivo concentrar el mercado de desarrolladores y venta de aplicaciones.
  • El alineamiento de Vittorio Colao,  consejero delegado Vodafone, con la posición manifestada por el presidente de Telefónica de cobrar a los buscadores. Y la respuesta de Eric Schmidt, consejero delegado de Google, que ha descartado el enfrentamientos con las operadoras y ha señalado que es necesario un trabajo conjunto para buscar fórmulas para compartir ingresos.
  • El reciente acuerdo de Telefónica con la Biblioteca Nacional y Publidisa, la mayor distribuidora de eBook español a través de TodoeBook, para la distribución y comercialización de contenidos editoriales a través de sus servicios. Con dispositivos propios como Tablet y acuerdos con fabricantes para que adapten sus terminales a los nuevos contenidos digitales. Así como acuerdos con editoriales como Santillana, Vocento y Anaya. Vodafone también ha llegado a un acuerdo con Publidisa para la venta de eBooks a través del móvil.

La Red se está comercializando rápidamente y el que piense que es una fuerte ofensiva contra la neutralidad de la red es que no ha enterado, parafraseando a James Carville, estratega de la campaña electoral de Bill Clinton: ¡Es la economía estúpido!.

Más vale ser consciente de lo que se cocina en la Red que soñar con un territorio idílico fuera de toda regla del sistema económico dominante. Me preocupa más la falta de “neutralidad” en el mundo que se manifiesta en: hambre, injusticias, paro y un largo etc…

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