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Radiografía peso económico de las TIC en España (2012)

La patronal española de la electrónica, las tecnologías de la información, las telecomunicaciones y los contenidos digitales (AMETIC), acaba de presentar su estudio “Mapa hipersectorial de las TIC. Edición enero 2012” (PDF). De acuerdo con los datos de dicho estudio, el hipersector está formado por un total de 24.371 empresas (1,61% de todas las empresas española) que dan empleo a 386.009 trabajadores (2,10% de la fuerza laboral del país,  el informe no contempla a los empleados TIC de otros sectores de la economía) y representa el 6% del PIB.  Del estudio podemos observar:

Domina la microempresa y la pequeña empresa: el 96% del total de  las empresas  tiene entre 1 y 49 empleados (el tamaño medio de las compañías es de 15,8 trabajadores).  Si bien las compañías que operan en el sector de la Electrónica profesional multiplican por 10 esta dimensión (159,9 personas). Al margen de esta singularidad, los Operadores/proveedores de servicios de telecomunicación es el sector que cuenta con unidades productivas de mayor tamaño (35,3 trabajadores), mientras que el de Electrónica de consumo, con 7,9 personas por empresa, es el que registra el valor menor.

Bajo nivel de cualificación profesional: únicamente el 5,7% de los empleados tienen titulación superior. Madrid (11%), Cataluña (7,1%), Baleares (6,1%) y País Vasco (5,6%) son las comunidades con mayor tasa de empleados con titulación superior.

Poca aportación de valor añadido al desarrollo del hipersector: la gran parte de las empresas del hipersector TIC en España se dedica a la prestación de servicios. En el caso de las tecnologías de la información el 94,5% de las empresas da servicios de integración y de mantenimiento de sistemas, mientras solo un 2,8% se dedica a fabricar equipos y un 2,6% desarrolla software. En este punto señalar que cuando hablamos de poca aportación de valor añadido, nos referimos al propio sector en actividades de I+D+i de nuevos productos y servicios. Es obvio que las actividades relacionadas con la consultoría y el desarrollo de aplicaciones aportan, en general, valor añadido a otros sectores de la economía. Señalar que en el sector de los contenidos, las actividades en ámbitos relacionados con la Red son más bien raquíticos: Internet (2,8%), Publicaciones digitales (14,8%) o contenidos para móviles (1,0 %).

Fuerte concentración territorial:  Madrid, con 6.972 compañías, y Cataluña, con 5.203 organizaciones, acumulan la mitad de las entidades que operan en el territorio español. Ambas comunidades concentran el 58% del empleo del hipersector. En el caso del sector de las tecnologías de la información la concentración es superior, ambas comunidades suman casi el 70% del empleo y centros de trabajo.

Como conclusión personal, a pesar de la “importancia” del hipersector (6% del PIB) nos encontramos que su principal actividad está dirigida a la distribución de productos y prestación de servicios fabricados y desarrollados por terceros países, siendo nuestra contribución a la innovación en dicho hipersector más bien marginal, un diagnóstico preocupante si consideramos que este hipersector de actividades económicas es crucial para el desarrollo y la transformación de la economía de cualquier país en pleno siglo XXI. Asimismo, señalar, a nivel territorial, que los desajustes estructurales en la economía a nivel territorial de la era industrial, se mantienen en la era digital. Territorios como Cataluña, País Vasco o Madrid son los que lideran, como en pasado en la actividad industrial, la mayor concentración de actividad de estos nuevos sectores económicos.

El Mobile World Congress y el cuento de la lechera

El Mobile World Congress 2012, (MWC) acaba de celebrarse en Barcelona y se consolida como el principal congreso mundial de las TIC relacionadas con la movilidad con un importante éxito en asistencia (67.000 profesionales) y con un impacto económico estimado en unos 300 millones de euros en el sector de servicios y turismo. También es de destacar que su continuidad está garantizada hasta el año 2018 con unas perspectivas de un impacto económico de unos 3.500 millones de euros en los próximos 6 años.  Todo un éxito para la marca Barcelona como ciudad de certámenes y ocio que ayuda a consolidar el sector económico relacionado con el turismo y los eventos. Asimismo, el éxito del certamen ha despertado una cierta euforia en determinados poderes públicos en el sentido de que dicho certamen puede contribuir a dinamizar el sector más innovador de las TIC y  convertir a Barcelona en un referente mundial. En mi opinión, creo que dicha euforia es una reedición del cuento de la lechera, porque es hablar sobre las ilusiones exageradas o los negocios fantásticos.

Una cosa es un evento mundial que concentra todas las novedades y tendencias tecnológicas y los principales profesionales del sector durante una semana, y otra cosa es el desarrollo local de un sector económico innovador operando los 365 días del año, año tras año.  Un buen indicador es la presencia de empresas en el certamen dejando a un lado a las grandes multinacionales y operadoras del sector y, en este punto, hemos observado que la presencia de empresas españolas o catalanas era más bien discreta en términos cualitativos si lo comparamos con el pabellón de Israel que se convirtió en uno de los centros neurálgicos del certamen y punto de referencia para los asistentes con más de un centenar de empresas punteras en el sector (65 de telefonía y 40 de aplicaciones).

El hecho de que las empresas israelitas hayan sido un punto de referencia en el certamen es el resultado de la política económica de un país de 7 millones de habitantes con una hoja de ruta de transformación de la economía basada en una cantera de miles de start-ups tecnológicas que nacen y crecen gracias a la coinversión, compartiendo el riesgo, del sector publico con el sector privado en el marco de una política (Start-up Nation) donde la innovación y la competitividad, junto a una visión de internacionalización en una economía mundial dinámica está generando  más start-ups que en países como Japón, China, India, Corea, Canadá o el Reino Unido, o que, hoy en día, en el NASDAQ coticen 63 compañías israelitas, más que las de cualquier otro país extranjero.

Para que Barcelona, Cataluña o España sea un referente en la innovación tecnológica, es algo que va más allá de ser la sede de un evento internacional durante unos pocos días. Lo que se requiere es que nuestra clase política, junto con los sectores económicos y sociales más dinámicos, sean capaces de establecer la hoja de ruta a medio y largo plazo con las transformaciones del modelo económico que nos ayude a salir de la crisis. Lamentablemente están anclados en el cortoplacismo de los ajustes y recortes con una visión de futuro limitada a unos pocos meses vistas. Ya hemos perdido más de una década asentados en un modelo de crecimiento basado en el ladrillo y la especulación que nos está pasando factura de forma sangrante. Ignoro si todavía nos quedan recursos o fuerzas para afrontar los nuevos retos de una economía productiva y de servicios acorde con el siglo XXI y la dinámica de la globalización de estos últimos años.

Por el momento, en Barcelona, el objetivo es crear el Mobile World Hub, un organismo gestionado por una fundación integrada inicialmente por el Ministerio de Industria, la Generalitat, el Ayuntamiento de Barcelona, la asociación GSMA (que agrupa a los fabricante de telefonía móvil) y Fira de Barcelona, que se centrará en un programa de proyectos industriales y de desarrollo de soluciones y que podría crear unos 150 puestos de trabajo. ¿Será el embrión de algo serio?… o ¿Será un organismo más que acabará languideciendo como otros tantos que se han creado en el pasado?…

España pierde productividad por falta de inversión en las TIC

En 1991, España tenía un “stock” de inversión en las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), el 10% del PIB, superior a la media de la Unión Europea y de los Estados Unidos (en torno al 9%). Sin embargo, en estos últimos 20 años se ha producido una importante brecha derivada de las prioridades en la inversión en nuestra economía poniendo el énfasis en el “stock” del ladrillo y la especulación, tal como se ha ido poniendo en evidencia en estos últimos años, en detrimento de las TIC. En efecto, de acuerdo con el informe Capturing the ICT Dividend: Using technology to drive productivity and growth in the EU , elaborado por la consultora Oxford Economics, vinculada a la universidad de Oxford, en la primera década del siglo XXI la economía estadounidense realizó un acopio de capital tecnológico hasta alcanzar un stock de TIC del 30% del PIB, frente a una media del 23% de los principales países de la UE.  Sin embargo, España se quedó en algo más de un 16%, con un importante impacto en la disminución de la productividad del país.

En el informe se pone el énfasis en el impacto sobre la productividad que tiene el “stock” en inversión en TIC: entre 2000 y 2010, por ejemplo, el crecimiento anual de la productividad en EE.UU. se incrementó hasta casi un 2%, mientras que el de la UE se ralentizó hasta un 1% anual. Dentro de Europa, los dos países que más han invertido en TIC, Reino Unido y Suecia, han visto crecimientos de su productividad laboral del 1,7-2% anual en los últimos 15 años. Mientras que en España, uno de los países con menor “stock tecnológico”, como porcentaje del PIB, las mejoras en productividad laboral desde 1995 fue del 0,8% anual.

Stock de Inversión en TIC. En % del PIB

Asimismo, en el estudio se detalla el Total Factor Productivity (TFP) de las inversiones en TIC en algunos de los sectores económicos para los países de la Unión Europea. En el caso de España, el sector con mayor crecimiento en el TFP fue el sector financiero (más del 60%) seguido, de Alemania y Reino Unido a mucha distancia (32% y 25% respectivamente) mientras que en sectores como el comercio al mayor o los servicios para los procesos de negocio empresariales el TFP fue negativo (-12% y -9% respectivamente). En otras palabras, nuestro sector financiero realizó fuertes inversiones en TIC, mientras que el comercio y las empresas invirtieron muy poco con un impacto negativo en la productividad de sus procesos de negocios.