Telefónica, Bimbo, BBVA. Adiós al empleo fijo

En Occidente y, en especial, en nuestro país La economía del siglo XXI está respondiendo a una conjunción de paro estructural y empleo cada vez menos estable e indefinido. En esta semana tres anuncios de reducción de empleo son ejemplos significativos que marcan las tendencias hacía donde va el empleo del futuro.

El primero es que a pesar del incremento de la edad para la jubilación, siguen la oleada de prejubilaciones por despidos expulsando del mercado de trabajo de miles y miles de trabajadores cualificados mayores de 50 años. Como el caso del BBVA que después de varios años de reducción continua de plantilla mediante prejubilaciones, anuncia una nueva ronda que afectará a otros 350 trabajadores.

El segundo es el caso de Telefónica con su anuncio de reducir un 20% su plantilla de telefonía fija en España sustituyéndoles por la externalización de servicios con el objetivo de aumentar la flexibilidad y la productividad. La paradoja es que una empresa con grandes beneficios, al mismo tiempo que anuncia su plan de despidos, lo acompaña con un plan millonario de incentivos para sus directivos. Unas iniciativas que al margen de las valoraciones éticas y morales,  alineadas con el pensamiento neoliberal que domina el mercado actualmente, muestra la transformación de una compañía desde un mercado local a uno global y cuyas reglas y compromisos se han modificado radicalmente de acuerdo con la dinámica dominante en el mercado internacional.

El tercero es el caso de Bimbo con el anuncio del despido de todos los empleados de su red de ventas con contrato fijo y su reconversión en autónomos dependientes con el objetivo de conseguir un “modelo sostenible de distribución” que se adapte a las condiciones de mercado.

Eliminación de las plantillas con más antigüedad por sus mayores costes y externalización cada vez más de servicios reduciendo plantilla propia forman parte de patrón que va a marcar el empleo en los próximos años. Las empresas van a focalizar sus esfuerzos en el núcleo de su negocio con unas plantillas minimalistas de empleados fijos que aporten mucho valor y el resto de actividades se externalizan con una red de colaboradores y empleo a tiempo parcial.

Es decir, el modelo 20-40-40, el cual, según Alejandro Borges, profesor de la Universidad Camilo José Cela,  significa que las empresas del futuro inmediato contarán con un 20% de empleados a tiempo completo, con un 40% que serán empleados a tiempo parcial, quienes aportarán su capacidad intelectual pero  sin estar del todo ligados a la empresa, y un 40% restante que se corresponderá con los servicios externalizados”. Por lo tanto, salvo ese 20% que será el corazón de la empresa, los que tomen las decisiones y dirijan los procesos, el resto serán trabajadores que aportarán valor pero sin un vínculo estable y continuo (fuente).

Por lo tanto, crecerá la dualización social con una élite minoritaria con empleo fijo y centrado en un único proyecto, la empresa, y una inmensa mayoría trabajando por proyectos acotados en el tiempo o cubriendo las cargas de trabajo en un marco de relación laboral-profesional donde la flexibilidad estará en el orden del día.  En principio, esto no debería ser malo per se, ya que  a priori significa una mejora de la productividad, una mayor motivación y especialización profesional para competir en un mercado donde el empleo se convierte en un recurso escaso o mayor autonomía y movilidad personal, entre otros factores. Sin embargo, los agentes sociales, económicos y políticos, sobre todo estos últimos, no están abordando con rigor y con perspectivas la transformación de un modelo basado en el empleo permanente y para una sola empresa, el de la Revolución Industrial  ya finiquitado, a un modelo flexible donde el autoempleo y el emprendimiento personal será el motor de la fuerza laboral del siglo XXI.

Esta transformación del modelo de relaciones laborales y de producción requiere abordar múltiples acciones sincronizadas que requiere incidir en ámbitos como el sistema educativo y la formación profesional (se habla más que se hace), un replanteamiento del el sistema de protección del desempleo que permita adecuar la flexibilidad en la ocupación con la calidad de vida para las personas, una simplificación de las normativas para el autoempleo y el emprendimiento, una mayor eficacia en las políticas activas de empleo, una profunda reforma fiscal tanto para las personas físicas como las jurídicas que garantice un equilibrio impositivo entre los periodos de “vacas gordas” y los de “vacas flacas”, etcétera.

Es decir, profundizar en un modelo de economía sostenible en un mundo global. Porque lo que no es sostenible es que el gobierno de turno viva pendiente del cortoplacismo de los datos mensuales del desempleo o los datos trimestrales de la EPA y vaya planteando unas reformas del mercado laboral realizadas a trancas y barrancas sin un plan de acción socioeconómico transversal a medio y largo plazo.

No deja de ser significativo el grado de incompetencia en políticas de empleo, porque el margen de maniobra es casi nulo cuando se claudica a la dinámica del mercado, con una tasas de desempleo que supera el 20% (43,5 % de los jóvenes). No es un desliz  que el Ministro de Trabajo declare que “no descarta los cinco millones de parados si continúa aumentando la población activa” o que el Consejero de Empleo de Andalucía en su análisis del incremento del paro en su comunidad en el mes de Marzo publicado en su página de Facebooklas causas, el fin de la campaña de la aceituna y una Semana Santa tardía que ha retrasado las contrataciones en el sector servicio un mes más” pero que “a finales de 2011 alcanzaremos la creación neta de empleo si las empresas invierten de nuevo”. Es decir, un Ministro de Trabajo, 17 Consejeros de Empleo, decenas de altos cargos entre directores, subdirectores y asesores, unos cuantos cientos de técnicos especialistas para llegar a la conclusión de que las oscilaciones de la población activa incide en las tasas de desempleo o que los problemas de la aceituna o el inicio de las vacaciones de Semana Santa (empleos de alta temporalidad) son las variables que determinan la oscilación de la ocupación en nuestro país. Es la constatación de que la política no gestiona la incertidumbre, simplemente se hace eco de ella.

Sin olvidar, la ración del “chocolate del loro” en la reunión del presidente del Gobierno con los 41 grandes empresarios españoles y el presidente de la CEOE, a finales del mes pasado, con la oferta de un programa de 30.000 becas de seis meses para los más jóvenes, dirigido por un grupo de trabajo coordinado por el presidente de Telefónica, César Alierta, acompañado, dos semanas después, con la “gran chocolatada” empresarial del ya famoso anuncio de un ajuste del 20% de la plantilla de Telefónica. No deja de ser una nueva “vacilada” de los actores del mercado contra el apuntador de una obra con el guión equivocado.

En fin, tiempos de ajustes, reajustes, zozobras y esperanzas en un momento de grandes cambios y transformaciones, donde la política, que debería ser la expresión de la voz de los ciudadanos, queda reducida a una simple comparsa de los acontecimientos.

3 pensamientos en “Telefónica, Bimbo, BBVA. Adiós al empleo fijo

  1. Alain Ochoa

    Bravo por todo el artículo. Creo que al menos da un poco de luz a lo que se nos viene.

    Gran frase: “La política no gestiona la incertidumbre, simplemente se hace eco de ella”. Nuestros políticos actuales, matizaría.

    Pero bravo, de nuevo.

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