Violencia de género estructural. Producción y reproducción

Alberto Ruiz-Gallardón, Ministro de Justicia del nuevo Gobierno del Partido Popular, nos acaba de sorprender, en vísperas del Día Internacional de la Mujer,  al afirmar que las mujeres se ven sometidas “en muchas ocasiones” a una “violencia de género estructural por el mero hecho del embarazo” y que va a aumentar la protección del derecho reproductivo “por excelencia”, que es “la maternidad”.  En otras palabras, después de la reforma laboral para ganar competitividad productiva, el Gobierno está planteando la reforma de la ley de aborto para mejorar la reproductividad cercenando derechos básicos de las mujeres en las libertades individuales y sometiéndolas a nuevos tutelajes jurídicos o médicos en nombre de la “maternidad”.  En cierta medida, era un tema que se veía venir  si consideramos que la lucha del Partido Popular contra la interrupción voluntaria del embarazo ha sido larga e intensa contra las distintas regulaciones: la Ley restrictiva del 1985 que despenaliza el aborto en tres supuestos o la del 2010, la actual, que a pesar de establecer una serie de plazos, mucho más abierta hasta la hasta la semana 14 de gestación.

Es lamentable que el Ministro, habiendo introducido un concepto interesante “violencia de género estructural” lo utilice como un eufemismo para justificar posibles “recortes” en las libertades individuales de las mujeres. Porque es cierto que existe una violencia de género estructural generalizada contra las mujeres:  las discriminaciones salariales en relación con el hombre (entre el 27% y el 28%) es casi el doble del porcentaje medio que se registra en la Unión Europea, donde la diferencia de salarios por un trabajo similar o equivalente es de un 15%; el embarazo como freno en las carreras profesionales o causa de no renovación de contratos de trabajo; la falta de recursos públicos para facilitar la conciliación de la maternidad y el trabajo; el “techo” laboral que impide que las mujeres puedan conseguir puestos destacados aunque estén preparadas para ellos (casi el 60% de los licenciados universitarios son del género femenino); las responsabilidades familiares que recaen en su mayoría en las mujeres; la permanencia de la cultura del machismo y sexismo (uno de cada tres adolescente corre el riesgo de convertirse en maltratador), sin olvidar la violencia directa, tanto física como psicológica, contra las mujeres; y un largo etcétera.

Nadie puede bajar la guardia, conseguir que mujeres y hombres puedan compartir y disfrutar los mismos derechos y deberes en igualdad de condiciones  para que ambos puedan desarrollarse íntegramente como personas, es un largo camino lleno de obstáculos de todo tipo. Mañana día 8 de marzo es un gran día para reflexionar y reivindicar.

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