Wikileaks, John le Carré y nuestros hombres en La Red

Estos días las personas interesadas por el mundo y la política, pobre de aquel que no se interese por la política, porque la política se interesará por él. Bueno, como decíamos, estos días, se está confirmando gracias a las revelaciones de Wikileaks lo que ya era de dominio público: la intervención militar en Irak estuvo acompañada de abusos, torturas y excesos. Lo único que faltaba era el reconocimiento explícito por la parte de sus autores y los datos exactos para conocer el alcance real de las atrocidades cometidas. Unas revelaciones que pone el énfasis en que la mayoría de los casos de tortura y muerte fueron cometidos por los propios iraquíes limitándose los soldados de la coalición a levantar informes de los hechos.

Según diversas fuentes, una “garganta profunda” ha estado filtrando a Wikileaks cientos de miles de documentos oficiales sobre las intervenciones militares en Irak y todo apunta que el responsable es Bradley Manning, un joven oficial de inteligencia de las fuerzas armadas estadounidense.

Obviamente, en el momento en que las autoridades norteamericanas y el propio Pentágono dieron muestras de credibilidad a las filtraciones por sus declaraciones formales e informales, los grandes medios de comunicación del mundo se hicieron eco en portada  de las revelaciones de Wikileaks, mientras tanto, el promotor del sitio web, Julian Assenge,  está siendo presionado por determinados sectores mediáticos, diplomáticos y, potencialmente, por algunos servicios secretos. En estos momentos, la mayoría de los comentarios y valoraciones sobre Wikileaks coinciden en que ésta iniciativa es una muestra más de la capacidad de la Red en la democratización y control del poder político por la ciudadanía. Unas valoraciones que son acertadas, porque en estos momentos podemos acceder, gracias a Assenge y Manning, a cientos de miles de documentos oficiales sobre las intervenciones en Afganistán e Irak impulsadas y desarrolladas por la Administración Bush.

Sin embargo, filtraciones de documentos secretos, denuncias de atrocidades, gargantas profundas, héroes anónimos acosados, etcétera forman el clásico cóctel de intrigas y suspense de las cloacas del poder para una narración de espionaje que haría las delicias de cualquier seguidor de John le Carré y para cualquier persona que sea consciente de que vive en un mundo en el que verdad y mentira, justicia e injusticia se solapan de tal modo que resulta difícil distinguir una cosa de la otra. Y en la línea narrativa de John le Carré, nos podríamos encontrar con una operación informativa orquestada para acelerar la salida de los avisperos creados por Bush, poner en evidencia a los republicanos, verdaderos promotores de las intervenciones, en un momento en que están inmersos en unas elecciones legislativas nada favorables para los demócratas y, de rebote, hacer públicas las evidencias del apoyo de Irán a los chiítas en la soterrada guerra civil en Irak o darle un repaso al primer ministro iraquí Nouri al-Maliki.

Unas filtraciones que se producen en el momento oportuno, porque no debemos olvidar que la actualidad de una información es un factor esencial de su valor. Actualidad puede significar al menos tres cosas: en su momento, a tiempo y en el momento exacto.  En su momento, es una noción subjetiva, significa que la información le está aportando un valor añadido al destinatario. A tiempo, implica que la información llegue antes de que sea tarde para utilizarla. Y en el momento exacto, conlleva que la información llegue a tiempo de ser explotada y cubrir las necesidades de los destinatarios -calidad de la información-. Una información que llega demasiado pronto puede ser útil, pero probablemente está puede generar un incremento de la entropía y una cierta degradación del flujo  informativo.

Bueno, siempre nos quedará la duda: una intriga política-mediática al estilo John le Carré o la iniciativa de un joven militar idealista con acné que gracias a La Red como espacio de libertad y comunicación pone entre las cuerdas a los poderes políticos-militares de la primera potencia mundial. Me quedaría con lo segundo, pero la intriga tiene su qué y su porqué. ¿Para cuándo la novela y la película?

Un pensamiento en “Wikileaks, John le Carré y nuestros hombres en La Red

  1. KC

    Pues para cuando unos señores con corbata y maletín analicen los números, la rentabilidad y la amortización comercial del proyecto, contraten a un director y un equipo de la forma más rentable posible y luego vayan por ahí diciendo que son adalides del Arte.

    Más o menos para entonces.

    Por cierto, el tal Bradley es un héroe, aunque nadie sepa quien es, y seguramente se morirá sin saberlo (quien no lo sepa).

    Saludos.

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