Iñaki Urdagarín, la guinda de la tarta de la corrupción

Semanas tras semanas, la figura de Iñaki Urdagarín se va transfigurando en un híbrido entre el Pijoaparte, el personaje creado por Juan Marsé en su novela Últimas tardes con Teresa, y el personaje de Toni Montana de la película Scarface dirigida por Brian De Palma con guión de Oliver Stone. La de un hombre de de actitud pícara y algo choricete, atractivo con complexión atlética que conquistó a la chica de bien rebelde con su clase social, en la realidad una princesa “acorde” con su generación, y la del hombre que quiso triunfar a cualquier precio con su ética particular pero sin moral.

Semana tras semana, desde el momento en que en el caso Babel, derivado de la investigación del caso Palma Arena, aparecía una probable imputación por un supuesto desvío de dinero público desde el Instituto Nóos que presidía el Duque consorte de Palma de Mallorca, la gran mayoría de los medios de comunicación van desgranando las supuestas fechorías del Excelentísimo Señor (tratamiento adquirido por su condición de yerno). En el principio a través de las filtraciones del sumario y, posteriormente, por los contenidos públicos de éste. No deja de ser curioso que los medios de comunicación, el pretendido cuarto poder, no tuviesen evidencias de las supuestas fechorías, las cuales se remontan a varios años atrás, dada la extensión de éstas. Un supuesto cuarto poder que, como bien señala David Trueba en su excelente artículo Ornitorrinco, se ha limitado a ser mero voceador de los comunicados de prensa sin la menor actitud periodística, y “resulta ridículo verlos ahora salir a tirar piedras al dragón que ya no echa fuego por la boca y echar mano del hacha para hacerse medallas con la madera del árbol caído”.

Para un ciudadano, no súbdito, como el que escribe esta entrada en el blog, se le hace extraño los intentos de desvincular a la Casa Real, nuestra más alta institución del Estado, el conocimiento de las supuestas fechorías del yerno. Empezando por la propia Infanta Cristina, vinculada jurídicamente y administrativamente en varios de los negocios y en otras actividades como la compra y mejoras del palacete de Pedralbes. La Justicia es igual para todos, nos dijo el Rey en su discurso de Nochebuena. ¡Espero que así sea!. Porque muchos ciudadanos empezamos a estar convencidos que el dorado “exilio” a la ciudad de Washington, estuvo motivada para poner tierra de por medio y correr un tupido velo, que por motivos profesionales.  Fue como la huida de Michael Corleone a Sicilia después del asunto de “El Turco” y McCluskey, mientras se calmaban las aguas. Para los cinéfilos, El Padrino en su esencia. Añoro esos países, como en el caso de los Estados Unidos, donde a la máxima autoridad del país se le permite casi todo, menos mentir: ¡Qué se lo pregunten al difunto Richard Nixon o a Bill Clinton!

Al margen de que el supuesto peso de la ley caiga sobre los culpables de todo el entramado corrupto montado alrededor de los supuestos negocios ilícitos de Urdagarín. Me pregunto: ¿Qué pasará con todas las instituciones, gestores públicos y políticos que financiaron con dinero público las actividades del susodicho y sus socios saltándose los procedimientos administrativos?. Algunos, como el caso del expresidente de la Comunidad Balear, Jaume Matas, está tan pringado por otros temas, que la derivada del Instituto Nóos es una minucia en su abultado expediente. Sin embargo, otros responsables en la Comunidad Valenciana, Baleares y el Tripartito de la Generalitat de Cataluña alimentaron el cazo de Urdagarín con dinero público a cambio de informes fantasmas, búsquedas de patrocinios dudosos o chapuceros estudios por ser el yerno del Rey. Todos estos individuos, por el momento, están “mirando pa’ Cuenca” esperando que los daños colaterales sean los mínimos.

Y es que, el híbrido entre el Pijoaparte y Toni Montana, es como una guinda que destaca en la tarta gracias a que ésta existe. Urdagarín se ha enriquecido presuntamente gracias a la tarta de los corruptos; gracias a los gestores de lo público acuclillados a los intereses particulares del Poder, olvidando sus obligaciones con los ciudadanos -¡Es que era el yerno del Rey!; gracias al cobarde silencio de un presunto cuarto poder, los medios de comunicación, que en nuestro país ejercen de hojas parroquiales de los poderes económicos y políticos; gracias a las grandes empresas que aportaban sus “cotizaciones” en espera de obtener futuros beneficios y favores de las altas instancias;  y gracias al silencio cómplice de la propia familia (gran institución en nuestro país que tapa los pecados de sus miembros) que ahora se despierta con el eufemismo de “conducta no ejemplar” .

Como escribió Trueba, Urdagarín es ahora “una pieza como carroña nutritiva, pero nadie nos la sirvió desnuda cuando el traje del emperador todo lo cegaba”.

Fuente de la imagen: http://www.flickr.com/photos/azugaldia/4310196504/sizes/o/in/photostream/  bajo la licencia Creative Commons Atribución 2.0 Genérica (13/12/2011)