Las crisis y el pensamiento “hilitos de plastilina” de Rajoy

Hoy el presidente del Gobierno ha comparecido ante la prensa (es su primera comparecencia en solitario ante los medios de comunicación desde el pasado otoño), tras una reunión con los miembros de su partido en la sede de la calle de Génova en Madrid. Es lamentable que el presidente de toda la ciudadanía no comparezca primero en el Parlamento y explique la nueva deriva de nuestra economía, la cual se traduce en la necesidad de inyectar más de 23.000 millones de euros de los fondos públicos para rescatar Bankia. Es decir, una nueva catástrofe para el erario público, porque no se dispone de dicho dinero y obtenerlo va a requerir nuevos sufrimientos para la economía y la ciudadanía de este país: más recortes, incremento de la prima de riesgo, intervención…

Esta forma de actuar no es nueva en el Sr. Rajoy, porque está gestionando la crisis actual de la misma forma que gestionó, en el año 2002, la catástrofe del petrolero Prestige en las costas gallegas.  Un accidente que provocó una de las catástrofes medioambientales más grandes de la historia de la navegación, tanto por la cantidad de contaminantes como por su extensión geográfica. En aquella época, Mariano Rajoy, coordinador del Gobierno para hacer frente a la crisis del hundimiento del buque, admitió en el Congreso “son unos pequeños hilitos que se han visto en la proa. Cuatro regueros que se han solidificado con aspecto de plastilina en estiramiento vertical” (sus palabras).  Aquellos hilitos de plastilina en estiramiento vertical se transformaron en un flujo continuo de toneladas y toneladas de combustible que contaminó el litoral del norte, desde el norte de Portugal hasta las Landas de Francia, y movilizó a miles de jóvenes llegados desde todos los puntos de España que ayudaron a los marineros y personal técnico a recoger más de 100.000 toneladas de chapapote.

Bankia, es el nuevo Prestige de Rajoy, y está actuando con la misma irresponsabilidad que actuó hace casi 10 años, minimizando la catástrofe de nuestro sistema financiero al mismo tiempo que no informa a la ciudadanía con la transparencia requerida. El sistema financiero español tiene muchas grietas que van a requerir la inyección de muchos miles de millones de euros. Ahora es Bankia, pero en los próximos meses se sumarán nuevas entidades y se está evaluando un coste adicional que podría superar los 30.000 millones de euros adicionales. Sin descartar otras dotaciones adicionales dada la magnitud de un sistema financiero putrefacto, tan putrefacto como el chapapote, que lo contamina todo.

Según Winston Churchill: el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones. En el mundo actual, no es fácil identificar a algún estadista y, por tanto, lo mínimo que se le puede exigir al actual presidente de Gobierno que actúe como un político dedicado a su ciudadanía con un mínimo de ética. Lo que no dijo Churchill es que el político se convierte en un sinvergüenza cuando comienza a ocultar de forma sistemática la verdad a sus ciudadanos. Impedir una comisión de investigación parlamentaria sobre Bankia, el órgano competente para esclarecer lo ocurrido, es ocultar la verdad. Presumiblemente, investigar Bankia es abrir la caja de Pandora de la corrupción política-financiera de estas dos últimas décadas (¿Hoy, el Sr. Rajoy habrá estado valorando con la cúpula de su partido, las consecuencias para el PP de una comisión de investigación?), algo que sería saludable para los intereses reales del país (la marca España) y la mayoría de la ciudadanía, pero inasumible para el poder económico-financiero y político que controla nuestras vidas.

¡Venga, pelillos a la mar (que no hilillos), Sr. Rajoy, al menos, sea un político honesto, ya que el traje de estadista le viene muy grande!